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Derrotado y escondido en Barcelona, el protagonista de esta novela, el pintor Armando Muñoz-Roa, narra la historia
de la fuga que emprendió en compañía de Luisa, su prima, amante y benefactora, tras abandonar con escándalo el movimiento informalista, al que perteneció con cierto éxito. Solo, viejo y frustrado, el artista recuerda sus años en el pueblo de Dors, al que intentó rescatar del avance de la modernidad, y la decadencia de su propia familia, amenazada también por el cambio de los tiempos. Esta novela, que José Donoso empezó a escribir en 1973 y que abandonó por razones desconocidas, fue descubierta por su hija, Pilar, entre los papeles que su padre vendió a la Biblioteca de la Universidad de Princeton. El manuscrito original, que incluye las correcciones del autor, fue revisado por el crítico Julio Ortega, quien afirma haberse limitado a facilitar el acceso al texto.Entre los años cincuenta y los sesenta, José Donoso inventó una prosa capaz de competir en ambigüedad con la de José Bianco. El uso de ese instrumento quirúrgico garantizó el éxito de novelas y cuentos como Coronación , El obsceno pájaro de la noche o Tres novelitas burguesas durante al menos dos décadas. En enero de 1973, cuando vivía en España, en una casa antigua en Calaceite, empezó a escribir Lagartija sin cola , pero después de revisar el primer capítulo, que ubicó luego como tercero, la abandonó. La novela callada reapareció entre papeles que Donoso le vendió a la Biblioteca de la Universidad de Princeton y fue su hija Pilar quien encontró el manuscrito. Treinta y cuatro años después, se publica al cuidado del escritor y crítico peruano Julio Ortega. Versiones sobre el abandono sobrevuelan la obra publicada: el golpe militar de Pinochet y la decisión de escribir Casa de campo -metáfora histórico-política en la que los niños Ventura, educados para ejercer el poder, quedaban ignorantes y desvalidos frente al menudeo de la vida diaria-, la postergación momentánea, la imposibilidad de encontrar la estructura narrativa deseada.La lagartija sin cola , que en los años setenta no estaba arreglada para salir, estrenó traje hace apenas unos meses. Armando Muñoz-Roa, el protagonista de la novela, es pintor y vive recluido en un departamento prestado en Barcelona y sin esperanza alguna: " esperanza es una palabra infernal, el comienzo del horror, de los imposible. . Sin dinero y detrás del umbral, Muñoz-Roa duerme lo menos posible y lo hace con todas las luces del departamento encendidas. El encierro elegido lo inició luego de la publicación de una carta abierta en la revista Destino . Sin nuevos cuadros, el miedo pintarrajeó sus telas. Miedo a que lo reconocieran por la calle y que recordaran aquel viejo escándalo registrado en una fotografía en el que un crítico lo había agarrado de la barba mientras él le daba con el puño en el ojo. Así vivió mutilado como la lagartija que, ante el terror y la amenaza, se desprende voluntariamente de la cola. Pero el encierro y los zarandeos de las preguntas que lo persiguieron y que él no supo detener lo incitaron finalmente a salir de viaje con su prima Luisa. El viaje no debía ser complicado, tenía que ser un viaje corto, por la costa catalana. Un viaje lento, para poder mirar. Los héroes son siempre viajeros y demuestran que el paradigma del viaje es salir del laberinto, o de un departamento. La ruta los pone a prueba y descubren el mal gusto y la fealdad de una supuesta modernización: "Toda la costa, dentro de muy pocos años más, sería una usina de refinerías, con toda la estructura de hierro, de vastas refinerías alumbradas por antorchas, por luces como ciudades encantadas, pero que echan humos venenosos: el progreso y la gente disfrazándose de lo que no es, y los chalets, y los snacks, y las discotecas, a medida que uno se alejaba de Barcelona, poniéndose más y más ordinarias, más y más pequeñas, y más y más feas". Como los exiliados de la antigua Escandinavia que se llevaban las puertas de sus casas, las lanzaban al mar y abordaban en el lugar donde las puertas encallaban..El discernimiento de las raíces más primitivas, y al mismo tiempo más superficiales del lugar, y una profunda filiación con el paisaje se adueñan del pintor, que siente que la aureola de Dors ha moteado su alma inhóspita.. Apuntes sobre el amor prohibido entre primos, el anhelo de unión con la esencia de uno mismo, la enfermedad, el suicidio, el pasado y la juventud componen estas páginas que solo custodian el deseo del artista. Quizá sea este el único encanto de los libros rescatados al probable desprecio de su autor: espiar lo que pudo haber sido, seguir las huellas de las palabras como si hubieran levantado una esclusa. El hecho de que Lagartija sin cola haya empezado a escribirse en 1973 puede hacernos creer en el arco protector del pretérito.. Este libro póstumo tiene, a pesar de la ira y el humor que atesora, la impronta débil de la desesperanza.
Publicado el: marzo 09, 2008
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