El
Miedo de Ser Stephen King Cuando King era chico, sus compañeros de clase pagaban para leer las historias de miedo que escribía. En un momento dado se produjo su primer roce
con un crítico: Miss Hisler, la directora
del colegio. En lugar de reforzar la determinación del muchacho, las palabras de Miss Hisler calaban muy hondo en él: "Me daba vergüenza. De joven, King vendió cuentos, no a The New Yorker o a Esquire, sino a Cavalier, Dude y Swank. Mientras vivía en un trailer con su esposa y sus dos hijos pequeños, King producía
novelas que nadie quería en las horas que le dejaban libres su empleo de profesor de secundario y sus tareas de verano en una lavandería industrial. Llegó entonces Carrie (1974), que vendió a Doubleday por dos mil quinientos dólares. Cuando Signet pagó cuatrocientos mil dólares por los derechos de la edición en rústica, se convirtió en Stephen King, la marca, aunque eso no le valió el ingreso en la Casa de la Literatura. En declaraciones públicas, King a veces fue impenitente: "Reconozco el terror como la emoción más delicada —escribió en su estudio sobre el horror, Danza Macabra (1981)—, y así trataré de aterrorizar
al lector. Pero si descubro que no puedo aterrarlo, trataré de horrorizar, y si descubro que no puedo horrorizar, recurriré a lo repugnante. Pero en un ensayo posterior deploró ser "rechazado por los críticos más intelectuales que me consideran un mediocre (la definición de mediocre para un intelectual parece ser ''un artista cuyo trabajo es apreciado por demasiada gente'')".El acto mismo de escribir se convirtió para King en algo vergonzoso y repugnante. Escribía con el corazón acelerado, poniéndose algodón en las fosas nasales para absorber la hemorragia inducida por la cocaína. Su escritorio se transformó en la villa miseria de su hogar: "Durante seis años, me senté en ese escritorio borracho o totalmente desquiciado, como el capitán de un barco al mando de un viaje a ninguna parte", escribió. Hizo su ingreso a publicaciones periódicas prestigiosas de circulación reducida como Antaeus y Tin House. En 1996 ganó el Premio O. Henry por un cuento que había publicado en The New Yorker. En 2003, la Fundación Nacional del Libro le otorgó una medalla por su distinguido aporte a las letras estadounidenses, lo cual ofendió al crítico Harold Bloom, quien
dijo: "Es un hombre que escribe lo que solían llamarse novelitas melodramáticas. Era necesario reevaluar todo. Los críticos de música volvieron a examinar a quienes habían sido considerados de calidad inferior en los 70 (Abba, Led Zeppelin, Donna Summer) y les descubrieron cierto valor. Martin Amis escribió una canción de amor al
escritor de policiales Elmore Leonard. Quentin Tarantino ofreció historias de suspenso baratas disfrazadas de "le cinéma". Los franceses desenterraron los restos de Alejandro Dumas, ese pícaro que vendía tantos libros, y los trasladaron al Panteón. Otra de las mascotas de Bloom, Philip Roth, pidió prestado un truco de la ciencia ficción usando una realidad alternativa como trampolín para La conjura contra América.El año pasado, King tuvo el privilegio de una entrevista en el Paris Review. Respecto del espinoso tema de su valor literario, dijo: "Me resisto a hablar de esto porque me da miedo que la gente se ría y diga: Miren a ese bárbaro tratando de fingir que pertenece al palacio". Paul Sheldon, el escritor-protagonista de Misery (1987) también se siente angustiado por su reputación. Paul ha escrito novelas literarias, pero sospecha que es más apto para pergeñar novelas románticas centradas en Misery Chastain, su valiente heroína de la era victoriana: "La verdad, hay que insistir, era que ese creciente rechazo que generaba su obra en la prensa crítica por ser ''un escritor popular''... novelas románticas para subsidiar su (¡Que suenen las trompetas, por favor!) King todavía no ha escrito una novela romántica, pero cualquier novelista que se ponga a mostrar demonios y dragones está buscándose problemas con los críticos. No todos los cuentos sobre zombis cumplen con su cometido. Cuando Jack Torrance, en El Resplandor, acepta obedecer las órdenes de los habitantes fantasmas del Overlook Hotel, los lectores se enganchan porque las órdenes de matices homicidas coinciden claramente con los deseos inconscientes de un hombre de familia irritado que presenta un caso grave de encierro. King dijo alguna vez que escribió El Resplandor a partir de su preocupación de llegar a hacer daño a sus propios hijos. Es un miedo tabú enfrentado por todo padre no apto para la santidad, y los personajes sobrenaturales del libro le dan peso. Otra de las novelas sobrenaturales de King que tiene a un escritor como protagonista, Saco de huesos, no resulta tan convincente porque sus fantasmas surgen de un miedo de origen más sociopolítico que primordial. Saco de Huesos plantea que los ganadores de la lotería del capitalismo, como el héroe de la novela, un escritor convencional llamado Mike Noonan que vende bien, no piensan nunca en los crímenes pasados (en este caso, linchamientos y violaciones por motivos raciales) que sembraron el camino a sus comodidades burguesas, como la casa de verano de Mike a orillas del lago. Saco de huesos fue probablemente la primera novela de horror de la culpa progresista
Publicado el: marzo 08, 2008
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