La referencia a Celestina es meramente “comercial”, ya que esta novela (escrita en 1612) no tiene nada del estilo ni la vitalidad
filosófica renacentista ni los personajes se parecen en nada. Es una obra realizada en pleno barroco, en la línea conceptista de Quevedo y su Buscón, y también dentro del género picaresco. Su principal originalidad es desarrollar un personaje femenino (tras los pasos de
La pícara Justina, otro ejemplo de picaresca femenina, que es algo anterior).
La protagonista, la joven, bella y degradada Elena, más que una pícara es una simple delincuente: ladrona, timadora, prostituta ocasional y finalmente asesina. Aunque la
novela es en tercera
persona, la protagonista relata en primera persona, dentro del diálogo, el consabido relato sobre su infancia y la degradación de sus progenitores, inevitable en las obras que tratan de adscribirse al género del Lazarillo. La madre de Elena, a quien en la calle llaman Celestina porque se dedica a labores celestinescas, la prostituye con trece años y la inicia en el camino de la mala vida. Poco después, la encontramos en Toledo, acompañada de dos compinches: la vieja Méndez y el proxeneta Montúfar. Entre todos consiguen estafar una buena cantidad de dinero a un noble de Toledo, al convencerle de que debe indemnizar a Elena, supuestamente desvirgada por un sobrino suyo que va a casarse con otra dama. Este espisodio, junto con el relato autobiográfico de los orígenes de Elena, es lo más puramente picaresco de la novela. Posteriormente, la obra detalla otros delitos y las desavenencias entre Elena y su chulo, que pasan por una paliza que le da él a ella después de atarla a un árbol, y que acaban con el envenenamiento del hombre a manos de la mujer. Elena es ajusticiada a garrote y echada al río Manzanares “encubada” (emparedada dentro de un barril).
Al igual que Quevedo, Salas Barbadillo prodiga los juegos conceptistas, como instrumento para relatar con sorna y tono de superioridad las pillerías y bajezas de la gente perdida de la religión católica y la sociedad contrarreformista.