Lo que ya no cabe, dice el autor, es la
actitud de “ me he jubilado, ya no sirvo para nada”. Se sirve todavía para muchas
cosas, aunque no sean exactamente las mismas para las que se servía anteriormente. La peor
actitud que puede adoptarse ante la jubilación es considerar que la vida ha acabado para uno. Queda todavía un último trayecto, sobre cuya extensión no tenemos control, pero cuyo contenido sí podemos controlar. Y puede resultar incluso más satisfactorio que las etapas anteriores si sabemos aporvecharlo bien. Por primera vez somos dueños de nuestro
tiempo. Y quien es dueño de su tiempo es dueño de su vida. Lo que quiere decir que, por primera vez, somos auténticamente libres. Qué hacemos con esa libertad depende de nosotros