Quien no haya leído o intentado leer la Fenomenología del espíritu de
Hegel debe saber que se está privando de vivir una
de las experiencias más arduas y fascinantes que le puede deparar el lenguaje. No importa de qué edición se trate, ni si la obra se presenta en el alemán original o en una traducción española. Invariablemente, el lector no iniciado en la dialéctica sufre un impacto al constatar que aun cuando comprende el significado de cada palabra le resulta imposible captar en una primera lectura el sentido completo de un párrafo. Y, cuando luego de varios intentos, se atreve a subrayar el pasaje que conjetura como el más importante, en el párrafo siguiente lo encuentra categóricamente desmentido. Esto ha llevado a que la Fenomenología... circule generalmente comentada por un experto, capaz de orientar la lectura. Sin dudas el más célebre de estos mediadores fue quien introdujo a Hegel en el pensamiento francés: Alexander Kojève. Nacido en Rusia, en 1902, pero radicado en Francia desde mediados de los años veinte, Kojève se convirtió en un protagonista del mundo intelectual parisino cuando tomó a su cargo un seminario dedicado a la Fenomenología del Espíritu en la ...cole Pratique des Hautes ...tudes. Dictado entre 1933 y 1939, al seminario asistieron, entre otros, Georges Bataille, Jacques Lacan, Raymond Aron, Raymond Queneau, y Jean Hyppolite. Tras la Segunda Guerra Mundial -en la que participó como soldado-, Kojève abandonó la enseñanza de la filosofía y se convirtió en asesor del gobierno francés. En 1999 la prensa francesa informó el hallazgo de documentos que señalaban que había sido espía de la KGB hasta su muerte, en 1968. Sus clases fueron publicadas en 1947, con el título Introduction a la lecture de Hegel. En español, el
texto fue editado en tres tomos. Afortunadamente, luego de tres décadas de ausencia en librerías, reaparece ahora el segundo volumen: La concepción de la antropología y del ateísmo en Hegel . En estas clases, Kojève se concentra en el último capítulo de la Fenomenología... , aquel en el que Hegel promete al lector el acceso al saber absoluto. Con maestría desgrana cada línea y va construyendo una interpretación convincente y milagrosamente clara del texto. Pero no solo se dedica a explicar a Hegel; también se atreve a discutir con él. Como, por ejemplo, en los pasajes en los que el alemán sostiene que él, como filósofo y autor de la Fenomenología , está en posesión del saber absoluto o que quienes no se dedican a la filosofía no son auténticos seres humanos. Contra Hegel, Kojève afirma: "Napoleón no era un filósofo. Pero en verdad es ir demasiado lejos decir que ese gran hombre no era un ser verdaderamente humano". Hay otro elemento que le agrega atractivo a la edición, y es que contiene una célebre nota a pie de página, añadida al texto en 1959, en la que el autor explicita su adhesión a la idea hegeliana de que la historia ha llegado a su fin. Redactada luego de un viaje a Japón, en ella Kojève sostiene que ha encontrado en la civilización japonesa un modo de
vivir la poshistoria diametralmente opuesto al norteamericano. La entrega a rituales formales, sin contenido, es lo que, según el autor les permite a los japoneses estar al margen de luchas guerreras y revoluciones -es decir, vivir el "fin de la historia"-, sin perder su condición humana "puesto que ningún animal puede ser esnob, todo período posthistórico ´japonizado será específicamente humano". Como es evidente, este texto es uno de los inspiradores del artículo de Francis Fukuyama sobre el "fin de la historia" que tanto revuelo ocasionó a fines de los años ochenta.