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Síntesis y críticas breves

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Shvoong Principal>Libros>El Manifiesto, o, Anastiana 9

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El Manifiesto, o, Anastiana 9

por : corredortiz    

Autor : Gustavo Corredor Ortiz
(Viene de “El Manifiesto, o, Anastiana 8”)
—El temor es el mecanismo de defensa común entre animales y hombres, que
les ayuda a mantenerse alerta ante el peligro. Y el escrúpulo es de los disímiles entre animal y humano, uno de los más falsos, tanto como decreto trazado en la espuma del arroyo; débil y vano cual asqueroso y mercenario dinero, lívido y patético valor entre hombre y hombre. El derecho a la muerte es algo que se gana con el simple hecho de nacer, y el derecho a apurar la muerte lo ganamos quienes hemos sido asesinados.
—Cierto, mi fe. Expresada por vos con tanto acierto la naturaleza de nuestra firme convicción, procedamos a distribuir las demás piezas en la forma como las hemos de mover, a partir del momento en que el gallo sirva de clarín al alba. Tomad las vuestras.
Anastasia levantó los dos alfiles, uno pintado de verde y el otro de rojo, y les habló con fastidio.
—Inmundo alfil verde, alias “instructor”, habréis de seguirme. Infame alfil rojo, alias “Marta”, habré de seguiros.
Puso las dos piezas en fila tras la torre rosa.
Ángelo tomó los dos caballos —amarillo y naranja—, y les habló con desprecio.
—Servil caballo amarillo, alias “Monsalve”, y pusilánime caballo naranja, alias “Gutiérrez”, tropezasteis contra nuestro odio, y ahora os revolcaréis entre la hez defecada por alimañas tan putrefactas como vosotros.
Puso las dos piezas tras la torre azul, al lado de los alfiles.
—Le ha llegado el turno al maldito rey —Anastasia miró con odio la pieza pintada de negro.
—Alejandro maldito entre los malditos —escupió las palabras Ángelo, levantó la pieza y la puso con displicencia tras los alfiles y los caballos.
Los hermanos se miraron a los ojos por unos segundos. Sus expresiones cambiaron del desprecio y el odio a la ternura. Lentamente voltearon la mirada hacia la pieza pintada de oro que representaba a la reina. Anastasia la tomó con delicadeza y le habló con cariñoso respeto.
—Tatiana, nuestra amada reina dorada, habréis de saborear las más puras y dulces mieles —le dio un tierno beso y se la entregó a Ángelo quien, con devoción, le dio otro beso y gentilmente la depositó frente a las torres.
Ambos se quedaron mirando el tablero con fascinación.
—El juego está completo, mi ser —sonrió Anastasia.
—Y nosotros listos, mi yo —sonrió Ángelo.
Se pararon, se quitaron las pelucas, sacudieron con los dedos las lisas cabelleras castaño oscuro y, ya con actitud de adultos, mientras recogían las piezas y el tablero y los guardaban en sus sitios, con las uñas se iban desprendiendo de la cara las estrellitas brillantes. Se abrazaron, se besaron en las mejillas, apagaron las velas ahogando las llamas con campanillas de cobre, y cada uno fue a su futón. Se acostaron y arroparon con cálidos y livianos edredones.
 Anastasia miró al techo con los ojos muy abiertos. Habló con volumen suficiente para que su voz se oyera a los quince metros que la separaban del hermano:
—Creo que no me voy a poder dormir. Estoy tensa, siento mariposas en el estómago.
Ángelo levantó el edredón al lado derecho.
—Ven, princesita.
Anastasia se levantó. Mientras cruzaba el apartamento, la luz azulosa que entraba por el ventanal iluminaba desde un lado la esbelta figura definiendo cada músculo, cada curva, cada depresión, cada turgencia. Ángelo, como todos los días desde que recordaba algo sobre su vida, admiró la hermosura de su hermana: el fino rostro blanco, la incisiva e inteligente mirada café profundo, el cuello fuerte y elegante proporcionado a los hombros amplios y altivos, los pequeños senos firmes y arrogantes, los brazos largos y bien torneados que se movían gráciles, la cintura delgada y flexible, el vientre plano sobre la agreste mata de negro vello, las generosas caderas, anchas y cortas, de las que partían los espigados y poderosos muslos que avanzaban airosos. Anastasia se acostó al lado de Ángelo que la ayudó a arroparse, le atrajo la cabeza sobre su pecho, ella lo abrazó y entrecruzaron los muslos juntando los
Publicado el: febrero 06, 2008
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