Liza Fittko, encargada de ayudar a aquellos que tratando de salvarse de los nazis, había logrado pasar la frontera. Uno de
ellos, Walter Benjamín, filósofo judío nacido en Alemania y que durante los años de 1923 y 1925 preparó su tesis doctoral en al Universidad de Frankfurt sobre “El origen de la tragedia Alemana”. Era tal su descripción, tal su visión futura, que hoy podríamos decir sin temor a equivocarnos que era un politólogo natural, pero por su mismo enfoque y por lo delicado del tema, luego se vio obligado a que muchas de su obras inmortales las tuviera que firmar bajo seudónimos. Pero el mal ya estaba hecho, los alemanes nazis no se lo perdonarían ni le permitirían que volviera a usar su pluma como arma, por eso a la larga pagó con su vida aún estando teóricamente fuera del alcance de las manos de los nazis. Debo recordar que muchos personajes judíos del mundo de hoy, pasaron por los mismos lugares que pasó Walter Benjamín, pero sería imposible seguir la pista a tantos, por lo pronto hablaremos de ese genio que la humanidad perdió por disidir en ideas en ese momento determinado. Como dije anteriormente Walter Benjamín nació en Berlín en 1892 fue ensayista y filósofo; entre sus obras maestras está “El concepto de la crítica del arte dentro del romanticismo alemán” (1920) y otra gema literaria “ La obra del arte en la era de la reproductividad técnica” (1936). y muchas más. Pero en la era que no se reconocían los valores y en que poco o nada importaba la inteligencia de los hombres, de ésos que dieron lo mejor de sí para la inmortalidad, recibieron en compensación el mismo odio y el mismo trato y se vieron obligados cual asesinos a huir por miedo a perder la vida. Walter Benjamín salió de Alemania y atravesando parte de Francia llegó a
port-Bou en el año de 1940. Para ese entonces en ese pequeño
pueblo de pescadores, él era un desconocido al igual que su obra. Se instaló por unos días en uno de los hoteles del pueblo, sintiéndose libre, paseó por sus calles, habló con alguno de sus habitantes, hizo sus apuntes, respiró aires de libertad, meditó, sus planes futuros eran prometedores, pero dentro de la injusticia humana la maldad de algunos hombres hizo que todo se viera truncado con su muerte. Estos catalanes que hoy viven en Port-Bou y que apenas conocieron a Walter Benjamín, nunca perdonaron ese crimen, ni quisieron que pasara al olvido, por años estuvieron pensando en qué hacer, se reunían, proponían y hablaban, hasta que decidieron erigir un monumento a su memoria además de crear la fundación Walter Benjamín que se ocupará de recuperar, reproducir y promocionar toda su obra. Quiero describir un poco a Port-Bou, es un encantador pueblo pequeño pero con una estación de ferrocarriles internacional, cuenta en su patio ferrocarrilero con 46 vías, lo que demuestra que la estación es casi tan grande como el pueblo, tiene una iglesia en el centro de la ciudad, varios restaurantes, una farmacia, muchas empresas aduaneras, más que en algunas grandes ciudades ya que por ser considerada una de las aduanas principales de España, ha tenido por años un gran flujo tanto de entrada como de salida a otros países de Europa. Port-Bou posee unas playas envidiables frente al Mar Mediterráneo, en verano acuden gentes de todas partes del mundo y es por esto que considero la idea de sus pobladores como algo genial, ya que podrán dar a conocer al mundo de hoy lo que tristemente perdimos en el mundo de ayer. Hablar de Port-Bou me hace sentir un afecto muy especial, su gente trabajadora y decente en su totalidad nos da muestras de una superioridad humana. Trabajadores y asalariados en unión de directivos y hasta de jefes de estado, con mucho esfuerzo lograron hace escasamente un mes inaugurar el complejo escultórico dedicado a Walter Benjamín creado por el artista Israelita Dani Karavan. Dicho evento fue presidido por el presidente de laG