Gilbert Keith Chesterton es uno de mis autores preferidos, afición en la que me acompaña gente tan ilustre como Borges y
Alfonso Reyes. Chesterton pertenece a esa estirpe de narradores ingleses cuyo gusto se decanta por el misterio. Al fin y al cabo, Sherlock Holmes nació en Londres. En otra ocasión comentaré una de sus obras maestras:
El hombre que fue jueves. Hoy quiero referirme a ese personaje maravilloso que es el
padre Brown, protagonista de muchas de sus cuentos cortos.El padre Brown es un curita bajo e insignificante en el que pocos reparan. Sin embargo, este ser, como el famoso detective
Columbo de la televisión, así como quien no quiere la cosa, termina resolviendo los misterios a los que se enfrenta con implacable lógica. No sé si en la creación
del padre Brown influyó el hecho de que Chesterton se convirtió al catolicismo, pero como sea, el padre Brown es, para mí, uno de los personajes más entrañables con los que me he topado en la literatura. De este volumen, el cuento que me gusta más es el titulado en esta traducción
La muestra de La Espada Rota, que inspiró a Agatha Christie los asesinatos alfabéticos de la guía ferroviaria, en una de sus más memorables novelas.