Jean Paúl Sartre, La angustia de la Nada Bajo el Cielo Vacío Durante un cuarto de siglo, la voz de Jean-Paul Charles Aymard
Sartre llenaba el mundo. Constituido y aceptado como el Papa del Existencialismo y del "ateísmo perfectamente lógico", emprendió la demolición de todos los valores morales, sociales y religiosos."El padre de Jean-Paul Sartre, ingeniero naval, había muerto en Indochina cuando el niño no había cumplido todavía los dos años. El abuelo materno, Charles Schweitzer, recibió en su casa a la hija viuda y al nieto huérfano y convirtió al niño en un aparatoso objeto de adoración al que Sartre no renunció jamás. "He dejado atrás a un joven muerto que no tuvo tiempo de ser mi padre... Era evidente. Mi abuelo era muy comediante; y yo también". El sentimiento de teatralidad vacía del abuelo fue incubando en el niño la incredulidad y la desconfianza, porque "estaban representando un papel: el de personajes encargados de la educación de un huérfano (Francis Jeanson: Sartre par lui même.)."Bastardo aceptado y por consiguiente legitimado", Sartre se proyectará en la proclamación de la orfandad desafiante del hombre bajo el cielo vacío.Si somos huérfanos y si no hay un Dios, tampoco hay esencias ni valores objetivos. El hombre debe crear los valores. Los otros, los estigmatizados, entran en el juego del abuelo Schweitzer: la mentira tácita, el pensamiento
cómplice, el doble juego.Los escritos y declaraciones del "ateo perfectamente lógico" se establecieron con terca insistencia como los eslabones de una carrera de contradicciones: el hombre carece de buena fe y la sinceridad es ontológicamente imposible. El hombre es la mala fe y es la mentira viviente y constitutiva. En ese aspecto, el existencialismo sartriano se inserta en la gran tradición clásica de la filosofía que, desde Sócrates, ha venido sacudiendo el conformismo satisfecho de los "decentes", rompiendo las soluciones perezosas o tímidas y reavivando las exigencias del espíritu.Pero, ¿cómo no enfrentarse con un Sartre que atribuye al hombre la capacidad de crear sus propios valores y por ende lo incapacita para juzgar a otro hombre que también puede crear los suyos?¿Con qué derecho se puede juzgar al otro, si la libertad es el ser del hombre, es decir, su nada esencial, y, por esa misma libertad entronizada en la nada, plantea elecciones injustificadas e injustificables?De ahí le vendrá el sentido de la angustia que se funde con la toma de conciencia de su libertad, y de ahí derivan también las llamadas conductas de mala fe que pretenden escapar de una libertad que precipita al hombre en la nada de su ser.La aceptación consciente de ser un bastardo, un huérfano de padres y de Dios, un algo arrojado a un mundo sin sentido, será la única manera de participar en ese mundo. "Yo soy visto transparente, transparente y traspasado. Su facundia cáustica, y una precisión idiomática demasiado perfecta para ser natural, fascinaban a los secuaces hasta el embeleso.Después de una guerra que, como ninguna otra, había empleado la violencia y la mentira, la obra de Sartre acaparaba la adhesión de los espíritus que las habían padecido.La náusea, Los caminos de la libertad, Las moscas, Huis-clos, Las manos sucias, Le Diable et le Bon Dieu, Muertos sin sepultura, La putain respectueuse, Los secuestrados de Altona,, las biografías de Flaubert (El idiota de la familia), de Baudelaire y de Genet, la autobiografía Les Mots, el tratado filosófico El ser y la nada y tantos otros títulos encaraban, a través de la novela, el teatro, el ensayo o el artículo periodístico, la situación del hombre en el mundo, un hombre cuya pasión era llegar a ser Dios pero, como a ese hombre también se le había dicho que Dios es impensable e imposible, el hombre de Sartre se convertía en una pasión inútil sobre la tierra.La
concesión del Premio Nobel de Literatura en l964 ("por la calidad de sus escritos, su anhelo de la verdad y la influencia fundamental que su pluma ha ejercido en estos tiempos"