Casi todas las constantes de la narrativa de Mauriac se hallan presentes en esta
novela: el retrato de una burguesía provinciana,
la descripción detallada,
casi idílica, de los paisajes de Las Landas, la presunción de que el individuo actúa movido por oscuras pasiones (la avaricia, la ambición, la sensualidad), contra las que no cabe otro remedio que la salvación por la gracia de Dios. Muchas veces he pensado qué tipo de escritor habría sido Mauriac si su pluma hubiera sabido independizarse de su profunda fe católica. Con todo, hay en la
novela algunos pasajes notables, ensombrecidos de nihilismo, que muestran que Mauriac era capaz, después de todo, de trascender a sus propias convicciones y dotar a su Literatura de la universalidad que reclama el buen lector.