La Estremecedora Lucha de María Teresa Por Recuperar a Su Esposo, Rehén de las FARC.
Aquel barrio siempre huele a hortensias
en la noche cerrada de Bogotá. En un rato está por comenzar un nuevo día de espera para María Teresa, la esposa del coronel Luis Mendieta, cautivo de la
guerrilla de las FARC desde 1998, cuando fue capturado en la sangrienta toma de Mitú. Se oyen voces de adolescentes en el departamento: Jenny y José Luis, los hijos del matrimonio, se divierten con amigos y hacen tiempo para llevar a su madre al aeropuerto. Allí abordará un avión hasta Caracas, donde junto con otros
familiares de rehenes visitará al presidente Chávez para agradecer sus gestiones. Un pincher mínimo ladra sintiéndose doberman. Abrazada a su saco de lana y rodeada de fotos familiares, la mujer en estos días recibió pruebas de vida de su esposo que en su detalle del martirio conmocionaron a los colombianos. A los cuarenta y siete años tiene los ojos verdes y los párpados gorditos, por tanto llanto acumulado. Acostumbra a acariciar el diario que viene llevando desde el 1o de noviembre de 1998; un diario donde le escribe a su esposo y que se reparte en distintos cuadernos de colores. "Hoy es el día más trágico de nuestras vidas," se lee en su primera frase, de letra azulada. María Teresa está cerca de la gente de Asfamipaz, la organización de familiares de miembros de las fuerzas de seguridad secuestrados por la guerrilla, que fuera de lo que cualquiera pensaría, esperan una salida negociada a la crisis y están en contra de cualquier tipo de rescate militar (se ha comprobado que no sirven, en mas de un ochenta por ciento muere algún rehén). Le agradecen a Chávez pero quieren más, no buscan hacer política, sólo están en el costado humano de esto. Exigen, piden, y muchas veces suplican, ruegan otras alternativas. En estos casos los familiares de los rehenes se imaginan (y no sin razón decididamente impotentes)). La liberación de Consuelo y Clara podría ser el preámbulo de más liberaciones. Esperan más de las FARC, más compromiso, más espacio para negociar, sobre todo si se quieren posicionar como una opción política. El amor de los Mendieta fue un amor de vértigo. Se conocieron en marzo, en una fiesta; oficializaron su noviazgo en julio y se casaron en octubre de 1983. Quince años juntos y casi 10 separados, pruebas de resistencia para cualquier pareja. "Papucho", lo llama ella. "Gorda", "mi amada", le dice-decía él. A diferencia de los familiares de secuestrados civiles, María Teresa parece entender que su marido es prisionero de guerra, y así se lo señalaron los propios jefes de las FARC, cuando ella se acercó a la zona de distensión en 2002 y habló con el mismo Raúl Reyes y con Simón Trinidad, hoy extraditado a EE.UU. Luis Mendieta es uno de los cuarenta y tres rehenes "canjeables" que la guerrilla está dispuesta a intercambiar por quinientos guerrilleros presos. Si liberan a su esposo, María Teresa le va a preparar puchero, lasaña o alguna comida con carne que no tenga nervios ("no le gusta la ''carne histérica''", ríe). Y que va a salir corriendo a colgársele del cuello. Pero él sabe que no va a salir tan fácil. "Voy a ser el último en irme de acá", le escribió y ella comprende que su esposo es una pieza clave del intercambio y que no va a abandonar a sus subordinados. Sobre la mesa ratona, una Polaroid mostraba a un hombre robusto de campera azul y mirada perdida. En otra, un grupo de rehenes opacos miraba a cámara sin sonrisas. En los cuellos de los rehenes se veían apretadas cadenas
Donanfer .