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Cien Años de Simone de Beauvoir, La mujer que Reinventó A Las Mujeres
Simone de Beauvoir conoció a Jean-Paul Sartre en 1929 en París cuando ambos hacían un posgrado en Filosofía muy
competitivo: él ocupó el primer puesto y ella el segundo. Nunca se casaron ni vivieron juntos, mantuvieron una relación abierta en la que acordaron que el amor que se tenían sería "absoluto" y que sus amantes tendrían un lugar secundario. Ella dijo que la relación con Sartre fue el mayor logro de su vida, pero se la recuerda más como una defensora de la libertad sexual que escandalizó a París con sus tríos y sus romances bisexuales.Simone y Jean Paul eran libres de tener relaciones sexuales y emocionales con otros, siempre que se contaran los detalles. Ambos compartieron amores con conocidos intelectuales y con algunas de las jóvenes alumnas de Simone de Beauvoir. Una de ellas, Bianca Lamblin, escribió luego sus memorias, tituladas Un affaire vergonzoso, pero ya se publicaron más de diez libros sobre la pareja. Según la revista Le Point, nuevas biografías revelan que Sartre era "frío en el plano sexual, machista, autoritario y celoso", mientras De Beauvoir mostraba "autoritarismo, complejo de Pigmalión y libertinaje calcu lado", que ella habría usado para "dominar, someter e influenciar" a los que la rodeaban. Danièle Sallenave, autora de una biografía de la escritora titulada "Castor de guerre", dice que es hora de ver más allá de sus costumbres sexuales: "Sartre era autoritario, machista y tradicional, mientras De Beauvoir quería ser revolucionaria en todo lo relativo a su vida pública y privada". Conferencias, mesas redondas, exposiciones de arte y festival de cine daban cuenta de su vida maravillosa, de su entrega, de su rigor intelectual y político. Las más importantes pensadoras feministas exploraban su obra filosófica: los orígenes del Segundo Sexco, en relación a Descartes, a Merleau-Ponty, a Hegel, a Marx, etc. Cómo superar traducciones macartistas, como la norteamericana, que censuró, allá por los cincuentas, capítulos enteros, o la japonesa, que reemplazaba la palabra "feminidad" por "maternidad", o las astucias de las madrileñas para comprar un libro sin que la policía secreta franquista se enterara, fueron algunos de los temas expuestos con nostalgia y agradecimiento. Un panel integro se dedicó a analizar la recepción que tuvo El Segundo Sexo en el Partido Comunista Francés, que rechazó la obra basandose en las características personales de su autora y en su oposición a la "filosofía decadente del existencialismo", con una ideología que las propias mujeres del partido, que militaban en esa época, describieron como "familiarista". Chistine Delphy y Claudine Monteil, entre otras, la contaron como camarada en el Movimiento de Liberación de las Mujeres francés. Colocaciones divergentes que fueron fijando algunas de las posiciones del movimiento y la teoría feministas ya sea alrededor de las ideas de la igualdad entre hombres y mujeres que sostenía el proyecto emancipatorio y existencialista de Beauvoir o se alineaban en las huestes de la diferencia que Kristeva compartía con otros nombres como el de Luce Irigaray, Antoinette Fouqué o Helene Cixous. El segundo sexo es un libro voluminoso, impacta en él la impronta de un desafío que no se abandona: dar cuenta de la historia de la condición femenina como la construcción del lugar del otro, acudiendo y demostrando sin cesar la crítica a los argumentos biologistas y naturalistas con los que las sociedades sustentaron la inferioridad de las mujeres hasta zanjar de manera lúcida y rigurosa que "no se nace Mujer sino que llega una a serlo". No hay figura femenina que se resista a una actualización de los relatos que fijaron a la mujer a una única modalidad dominante (la madre, la esposa, la vírgen, la prostituta, la mística, la lesbiana). No hay espacio del saber sobre los que no ejerza una mirada crítica y, por sobre todo, creativa. Escribió novelas, memorias, ensayos atreviéndose también por los corredores ficcionales de un yo femenino. Así exploró el carácter cambiante que adoptó el llegar a ser mujer, los hitos de su proceso histórico, las intersecciones donde una situación se revela en sus múltiples condicionamientos (económicos, sociales, históricos) y también las salidas que la liberación ofrece. Por eso, dice Beauvoir, son ociosas todas las comparaciones que se esfuerzan en decidir si la mujer es superior, inferior o igual al hombre porque sus respectivas situaciones son profundamente diferentes. El hombre tiene más posibilidades concretas de proyectar su libertad; a la mujer no le queda otra salida que luchar por su liberación que sólo puede ser colectiva y precisa principalmente de un cambio de las condiciones económicas. Los datos sociales que ofrece el comienzo de este milenio: feminicidios, explotación y trata de niñas para la prostitución, flujos migratorios determinados por la pobreza más extrema sin duda solicitan una nueva lectura de El segundo sexo. Un libro que abrió las vías de los debates posteriores y sus actuales derivas, las que hoy dan sustento a la idea de que verdaderamente transitamos ¨tiempos de mujeres¨. Tiempos lineales o discontinuos, pero de intervenciones, militancias y escrituras múltiples y arriesgadas. Brillante, politizada, bella y seca, contundente hasta la antipatía (¿por qué persiste la idea de que las mujeres debemos ser "dulces"?) Simone fue y será un ejemplo para las mujeres de todo el mundo, que vemos en ella compromiso y pasión, radicalidad y coherencia que supo estar, como muy pocos a la altura de un siglo de grandes transformaciones.
Donanfer
Publicado el: enero 14, 2008
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