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Síntesis y críticas breves

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Shvoong Principal>Libros>No me esperen en abril

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No me esperen en abril

por : wrappedup    

Autor : Alfredo Bryce Echenique
No le faltaba nada, le
enseñaban, le repetían, era un chico con muchísima suerte, pero él
sentía que era más
lo que le faltaba por conocer, por aprender, por
descubrir. Se lo decía su intuición, le dolía su corta y alegre y
dolorosa experiencia, la mirada que veía siempre algo más, algo
distinto a lo que le estaban enseñando en su casa, en el colegio, en
todas partes, en la vida. (p. 29)
Manongo está sentado a un costado de la piscina del Country Club.
Lleva puestas sus sempiternas gafas negras y fuma con la impostura de
un dandy su cigarrillo Inca. Seguro espera que Tere salga de los
vestidores para compartir una butifarra o un beso muy húmedo y con
sabor a cloro de piscina. Su vida es perfecta. Aún faltan varias
semanas para que empiece el colegio y desea con toda el alma que esta
tarde de verano no acabe nunca. Mañana volverá a caminar el tramo que
separa su casa en la avenida Salaverry del barrio Marconi y luego irá
junto a sus amigos todo de frente por Alberto del Campo hasta el
Country, con el sol ahí arriba que ilumina una Lima que se vive a sí
misma, para la que Odría, Prado, Belaúnde o Velasco son solo nombres en
una guía de teléfonos y donde el amor vive en los cines, en las
piscinas y, por qué no, quizás hasta en el aire. Y entonces el abril
escolar, ese maldito primer día de abril pintado de gris, no llegará
nunca.
No me esperen en abril es la historia de la vida de Manongo
Sterne desde su primer amor en el San Isidro de 1953 hasta bien
entrados los años ochenta. Manongo es otro de esos simpatiquísimos
alter egos de Bryce que protagonizan sus novelas, un poco maniaco y con
una gran sensibilidad para con el resto. Un niño de doce años que acaba
de salir de la primaria y es enviado a un internado inglés en Los
Ángeles, Chosica. Y todo el verano antes de abril, y de abril en
adelante también, empezará a entrar en eso que los médicos y los
educadores llaman adolescencia pero que para él se llamarán primer
amor, amigos inolvidables, Lucho Gatica y el descubrimiento de un país
que no conoce y del que nunca hablaron en la primaria las monjas de su
colegio. Además de la clásica dicotomía, tan presente en las novelas de
Bryce, entre la clase alta y la clase baja, Manongo también descubrirá
lo doloroso que puede llegar a ser el paso del tiempo. Conforme la
novela avance, sus amigos empezarán a irse, romperá con su primera
novia, tendrá nuevas alegrías pero también nuevas preocupaciones y
cuando menos lo piense será un adulto, un hombre derecho aunque no muy
seguro de estar del todo hecho. Y vendrán los años y el tiempo de ser
serio, que es como el abril que nos toca a todos: el momento en el que
dejamos el verano y la alegría de no tener nada en los bolsillos ni en
la cabeza para ser grandes.
Y los grandes amores, siempre que se van, dicen cosas hediondamente prácticas. (p.476)
Hace tiempo salía con una chica que nunca llegó a terminar de leer No me esperen en abril.
Me decía que le parecía un libro profundamente triste, en el que las
partes divertidas te dolían más porque sabías que iban a borrase
conforme avanzara la trama. Todo el que ha leído este libro tiene una
historia con él, porque todos podemos jugar a ser sus protagonistas. Un
amigo me contó que una vez se enamoró de una chica y leían el libro
juntos y jugaban a ser parte de la trama. Otro chico una vez me dijo
que era un libro y a la vez el libro de nuestras vidas, porque es
imposible no tener catorce, quince o dieciséis y no sentir que ella es
la chica, que ésos son tus amigos del alma, que esa ciudad es tuya como
nunca y que todo puede estar dando vueltas pero tú eres feliz. Entonces
podrán llegar las catástrofes que sean, pero el recuerdo de esos años y
tantas cosas compartidas se convertirán siempre en el oxígeno necesario
para sobrevivir a la adultez. Porque leer No me esperen en abril
es como llegar del colegio y almorzar con tus padres, como el olor de
los zapatos recién lustrados un lunes porla mañana, como es última
hoja de todos los cuadernos escolares en la que teníamos apuntadas
tantas cosas, tantos nombres, tantos números y que resume de manera
genial lo único que se puede aprender en el colegio: que lo importante
de estar vivo es vivir y que el tiempo puede llegar pero que qué mierda
si uno ha sido feliz.
“Y mi esperanza fue por dentro. Sigue yendo por dentro.
Y a veces se ríe y se burla de mí cuando en la vida cotidiana hasta
parece que fuera un canalla, unas veces; un cretino, otras, o aquel
muchacho que empezó desde cero por eso de que, cuando iluminé un MG
rojo, faltaban pocos meses para terminar el colegio y el baile de
promoción era sagrado y cada uno debía asistir con la chica más
maravillosa de su vida”. (p. 481)
Título original: No me esperen en abril
Autor: Alfredo Bryce Echenique
Año de publicación: 2005
611 páginas en Peisa, serie Río hablador, segunda edición, 1998.
Publicado el: enero 08, 2008
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