La Magdalena. Dentro de la zona montañosa de de la Sierra Maestra, en el poblado de La Magdalena, mi sobrino quiso explorar
el río y pescar en él. Le busque como acompañantes a dos jóvenes, conocedores del territorio, y partieron rio arriba. Como a las dos horas de encontrarnos en el lugar, el sol había desaparecido, los relámpagos iluminaban las nubes, llovía en las lejanas montañas y se respiraba humedad en el ambiente. Sentimos un runrún que daba la sensación de un temblor de tierra o algo parecido. El agua se había transformado en una gran ola que corría río abajo, tumbando y arrasando todo lo que se encontraba en su camino.
Desde la altura donde nos encontrábamos, vimos pasar; palmas y otros árboles arrancados de raíz, animales con la cabeza fuera del agua tratando salvarse; varios burritos muertos, que se encontraban amarrados unos con otros dos caballos eran arrastrados y muchas otras cosas. También pudimos divisar el bote de los muchachos volteado y dando rápidas vuelta y tumbos a gran
velocidad. De pronto, ante nuestra vista, aparecieron los tres muchachos, el agua en forma de
torrente los arrastraba, iban aferrados a un árbol grande que daba bandazos y vueltas dentro de un remolino que se había formado, la corriente con su gran fuerza iba arrasando todo a su paso; ellos desaparecieron de nuestra vista a la velocidad de un rayo. Nos encontrábamos paralizados, mi sobrinita comenzó a llorar y a lamentarse, mi hermano también lo hizo, pero en silencio y me abrazo fuertemente. —
Rubencito y a sus acompañantes habían logrado salir y alejarse de las fuertes corrientes de agua y pudieron llegar hasta la orilla del rio; avanzaban con dificultad para alejarse del torrente maligno. -Aunque nos pareció que había pasado un siglo: ¨Aquella gran pesadilla sucedió muy rápido¨.