! Mi tía Josefina ¡Que clase de tía!
Mi queridísima tía era dueña de un club que se nombraba el Rincón Mexicano, en
la playa de Guanabo, donde tenía habitaciones de alquiler por horas, una especie de posada de transito, pero en la playa, es decir la gente la alquilaba para pasar el día con su
familia o su acompañante y allí resguardar sus pertenencias. Aquello era un antro de borrachos, pero de gente con buen nivel económico, eran de economía desahogada, allí se reunían pequeños comerciantes, algunos con espíritu emprendedor, algunos empleados bancarios, telefónicos, eléctricos, que eran un poco más pudientes que los otros trabajadores.
Era un lugar de verdadera alegría, Mariachis con música mexicana ligada con tragos de tequila, acompañadas de bellas muchachas, jóvenes y elegantes que salían a disfrutar las maravillas de la arena y de sus playas, y tratar de establecer relaciones con alguno de aquellos, anuqué la mayoría eran casados; de todas formas bailaban y se divertían. Al final todo terminaba en borracheras, falsos amores, etc., etc...
Mi tía Josefina era una mujer de unos 34 años bastante bonita de cara, muy blanca de piel, media 1.50mts, gorda con tremenda barriga cervecera, es decir, no era gorda fea, ni fofa, tenía la panza súper estirada, parecía que tenía 6 meses de gestación,
siempre andaba con una blusa amarrada a la mitad de la cintura, con un lazo o nudo y un short de colores súper apretado y mostrando su barrigona, y tenía como uno de sus maridos a un mexicano llamado David Farruca, que había llegado en uno de los mariachis que traían como relevo cada tres meses para amenizar las fiestas constantes de aquel lugar. Como siempre se acostada pasada de bebidas y en ocasiones borracha perdida, ella roncaba que parecía una locomotora arrastrando 40 vagones cargados.
! Mi tía Josefina ¡Que clase de tía! En lo personal conmigo era muy cariñosa y atenta, a cada rato me paseaba en su carro que siempre se encontraba lleno de amigotes.
Ella era divertidísima, chistosa, jaranera, siempre estaba contentísima, muy alegre, jodedora al extremo, y andaba con un carro del último año, descapotable o convertible como les decimos los cubanos, siempre con el toldo quitado, con sus brazos y cuello llenos de prendas de oro de 18 quilates, quemada por el sol y roja como un tomate, paseando todo el tiempo, de arriba abajo, con su cabello pintado de amarillo o de rojo, además de poseer más de 8 pelucas de diferentes colores y de diferentes largos de cabellos o de peinados diferentes; lo mismo era de pelo corto, que andaba con un alto moño a la moda, o disfrazada de rubia de pelo corto o largo y suelto por las espaldas. Siempre de fiesta en fiesta, acompañada de un pianista o un guitarrista o del mariachi completo y media embriagada.
Ella lucia largas pestañas, usaba coloretes variados, que realmente le asentaban mucho, y cómo era bonita, llamaba mucho la atención cuando se le observaba su rostro; pero cuando se bajaba la mirada, entonces decepcionaba un poco al espectador.
Dentro de la casa, en ocasiones parecía una loca, despeinada a propósito, pero siempre se encontraba perfumada.
Ella era presidenta de las damas Isabelinas, (creo que eran las Damas Católicas) o algo así. El cura de Guanabo siempre estaba en mi casa o de paseo en el carro de mi tía, se tomaba sus traguitos y el tema de conversación del cura con mi familia siempre terminaba en la misma historia: ¿Cuándo Tomasito (la oveja negra de la familia) hará la primera comunión?
Respuesta de la familia: padre, ya se le han comprado tres trajes Blancos, camisas y corbatas blancas en la tienda el Waterloo, y todos los atributos, las velas, el lazo del brazo y el catecismo, pero siempre el día antes inventa algo o le sucede algo, al parecer este jovencito no quiere hacer la comunión, así le decían al cura. Un día el cura estando de visita en mi casa, me hizo una propuesta, era un 15 de Diciembre, y el 24 se haría una procesión con niños y se reproduciría el nacimiento del niño de Jesús en un pesebre improvisado dentro de la iglesia. Mi papel sería el de José, y mi tarea seria cargar a una muchacha que se llamaba Elenita (una rubia preciosa de 14 años, muy desarrollada físicamente y la cual me gustaba muchísimo) debía acompañarla tirando del burrito, cargarla y bajarla en la iglesia y acompañarla hasta el pesebre. Realmente me gusto la tarea encomendada y al final, hice todo lo encomendado, aproveche y le di dos besitos en la cara a Elenita y después de la misa del gallo me retire rápidamente de aquel lugar, ya que había escuchado una conversación, donde me tenían preparada una emboscada familiar para que yo hiciese la primera comunión aquella noche
La Tía se puso a vivir con el cura, a tener relaciones indebidas para el religioso. De madrugada enraban a la casa y pasaban por mi cuarto, haciéndome yo el dormido, pues siempre los sentía llegar.
Un día de borrachera, ella y el cura, totalmente borrachos, se cayeron con el carro convertible, por el borde del puente del rio Guanabo y se quedaron dentro del carro, con el agua a mitad de cuerpo, cantando, mientras llegaban personas a rescatarlos. Parte de la sotana del cura flotaba sobre aquella agua semi estancada.