Los Libros del
Infierno Ven la Luz El infierno existe, pero no es el de Dante ni el de las Sagradas Escrituras. La
Biblioteca
Nacional de Francia lo reveló este mes en una exposición que pasará a la historia por su audacia y su originalidad. En esa muestra, llamada "El Infierno en la
Biblioteca. Eros en secreto", la Biobleteca Nacional
Francesa presenta los tesoros de su departamento más sulfúreo y enigmático, un fondo que durante más de ciento cincuenta años atizó la imaginación de intelectuales, periodistas e investigadores: todos los libros, estampas y grabados condenados al ostracismo por pornográficos, perseguidos por salaces y considerados contrarios a la moral y a las buenas costumbres. De Sade a Baudelaire, de Louÿs a Bataille, de las estampas libertinas a los daguerrotipos eróticos, ese "fondo secreto" es exhibido por primera vez al público, que ha respondido manifestando una auténtica fascinación. Hecho raro en Francia, el acceso a la muestra está prohibido a los menores de 16 años. Con el tiempo, el apelativo obtuvo sus letras de nobleza y terminó convirtiéndose en una signatura, esa señal con números y letras que se estampa en un libro para indicar su ubicación dentro de una biblioteca. La exposición comienza, justamente, con la definición del Infierno que aparece en el Gran Diccionario Universal del siglo XIX de Larousse (1870): "Sitio cerrado de una biblioteca donde se ponen los libros cuya lectura es considerada peligrosa". Sus autores dan como ejemplo el Infierno de la Biblioteca Nacional. Los alemanes lo llaman "Armario del veneno". Breve precisión: el Infierno de la Biblioteca Nacional del país galo no conserva obras heréticas o políticamente peligrosas. Contiene sexo, sexo y sexo. Únicamente sexo.¿Por qué haber decidido montar esta exposición después de tantos años? "Porque este Infierno alimentó todos los fantasmas. Quizás porque la Biblioteca Nacional de aquella época se había transformado en un sitio público de lectura, llevados por el puritanismo, sus responsables querían evitar que ciertos libros osados terminaran en manos de todo el mundo". "Al principio, los libros prohibidos que habían escapado a la destrucción eran almacenados en las comisarías, los tribunales y los ministerios, donde eran objeto de tráficos diversos, de reventa o de destrucción. En 1969, pocos meses después del "destape" de la rebelión juvenil de Mayo del 68, el Infierno de la Biblioteca Nacional de Francia fue liquidado y los títulos "licenciosos" se incorporaron a las colecciones ordinarias. Hasta 1977, para acceder a esos libros era necesario hacer un pedido oficial y esperar la decisión de un comité consultivo. "Hasta entonces, si los lectores querían realmente consultar nuestros ejemplares, se les aconsejaba certificar que estaban realizando investigaciones en lingüística sobre una palabra específica referida a órganos o prácticas sexuales. Engarzadas en un decorado rosa y rojo (los colores de un boudoir galante y, naturalmente, del infierno), las vitrinas de la Biblioteca Nacional Francesa exponen el sexo en todo su esplendor y sus estados de ánimo a través de libros, estampas y grabados. Sexos de preferencia masculinos, sobredimensionados y turgentes. Las más recientes datan de ayer: Onan, aguafuerte que Salvador Dalí dibujó con su mano izquierda mientras mantenía ocupada la derecha -como él mismo anota a pie de página-, fue realizada en 1979. Au jour dit , de Pierre Bourgeade, ilustrado con fotos de Joel Leick, que lleva la signatura "Enfer 2018", fue impreso en 2000. Pero la exposición de la Biblioteca Nacional Francesa no es una simple yuxtaposición de obras eróticas agradables o humorísticas, ingenuas o salaces, anónimas o con firmas ilustres. La primera está signada por los personajes de novela. Por esa razón, los héroes -que con frecuencia son heroínas- ocupan el sitio de honor. Sus personajes emblemáticos son Don Bougre, Felicia, Fanny y sobre todo Thérèse ( Thérèse philosophe , del Marqués d Argens), que solopierde su virginidad y conoce el placer después de haber devorado una biblioteca erótica. "El idioma de los autores es siempre de gran calidad -observa Quignard-. Puede tratarse de novelas de educación sexual, de panfletos anticlericales o blasfemos, pero está siempre presente el humor." La demanda era fuerte y la censura demasiado severa. Bélgica se transformó en ese momento en tierra de asilo para los "libreros licenciosos". Auguste Poulet-Masis, que publicó Las flores del mal, se refugió en Bruselas para difundir con tranquilidad Les épaves, los poemas de Baudelaire condenados por la justicia francesa. Es la época de los últimos combates librados por los tribunales, cuando Sade comenzó a ser publicado en libro de bolsillo y entró en la prestigiosa colección de La Pléiade. Ya entonces, el infierno había dejado de oler a azufre y comenzaba a ser impreso en papel libre. Penetrar en el Infierno de la Biblioteca Nacional Francesa es como sumergirse en la atmósfera de los sitios prohibidos, de los burdeles, las prisiones, los conventos y las bibliotecas de antaño. Un camino sembrado de escollos, de dificultades y de gestos de increíble coraje. ¿Qué otro país podría haber organizado una exposición semejante, recibida con el beneplácito unánime de todos los sectores de la sociedad? Los nórdicos, quizás. A la salida de la muestra, en el libro de comentarios de la exposición, una mano entusiasta escribió estas líneas: "Encore, encore et encore. ibertad, querida libertad, siempre más libertad.
Donanfer