Explosión e Incendio Vapor “La Coubre”:
Al producirse la primera explosión en el Vapor La Coubre, el oficial de guardia
del control de radio e la Policía Nacional Revolucionaria, nos informa lo ocurrido. El Comandante Efigenio Ameijeiras Delgado, Jefe de la Policía Nacional en aquellos tiempos, me dice, vamos Robertico, que exploto un barco
con armas, municiones y explosivos en el puerto y al parecer hay muchos muertos. Yo había escuchado la fuerte explosión, pero no tenía la más mínima idea de que se podría tratar. En un carrito de carreras ¨Corvetee¨, que existía en la comandancia y que el siempre manejaba, nos dirigimos al lugar, como flecha, cuando ya estábamos cerca, habían pasado cerca de 15 minutos de la explosión, por lo que ya se
encontraban cientos de personas en aquel infierno aterrador, ayudando a evacuar a los heridos y cargando muertos. En aquellos tiempos yo era el jefe de su escolta personal, ya que había combatido a su lado en el segundo frente Oriental Frank País, bajo su mando directo y bajo las órdenes del Comandante Raúl Castro Ruz, Jefe de nuestro Frente de combate. Llegamos en muy pocos minutos al lugar de la explosión, pudiendo apreciar aquel desolador paisaje, con personas desbaratadas, hechas pedazos, sesos por los pisos, cadáveres sin cabeza y achicharrados, piernas sueltas con sus botas puestas, cabezas solas con los ojos botados, cuerpos mutilados y pedazos de personas, otros lamentándose o tratándose de incorporarse en vano, todos solicitando ayuda .
De inmediato localizamos a un oficial del buque que hablaba bastante bien el español y que se había salvado de milagros, ya que se encontraba en los momentos de la explosión, conociendo la zona del antiguo cuartel de San Ambrosio. El nos dio su criterio de lo que había sucedido y alerto de una posible segunda explosión. Este oficial nos llevo por una escalerilla colgante, hasta una de las bodegas del barco. Aquello era un verdadero desastre, todavía se encontraban en la parte superior del buque, varios de los pedazos de cuerpo, algo verdaderamente impresionante. Llegamos a la bodega, donde se encontraban varios compañeros de extremo
valor, cargando cajas de proyectiles, en forma de cadena humana, pasándose las cajas una a una, en larga hilera, hasta la calle. Muchas cajas continuaban humeantes e incendiadas, desde donde salían proyectiles locos en diferentes direcciones, dichas
explosiones y los impactos de las balas por todos los lados a la vez, producían un ruido ensordecedor. En otras ocasiones parecía que nos encontrábamos dentro un fuerte combate, con la cercanía de varias ametralladoras calibre 30 disparando a la vez.
Llevábamos veinte (o algo más) minutos en el lugar; que además, a mí personalmente me parecieron años, ya que aquello era tenebroso, aterrador, cuando viene uno de los compañeros de nuestra escolta y me informa. Robertico por ahí vienen Fidel y dicen que Raúl también está llegando. Raídamente se lo digo a Efigenio. El me dice, vamos que ni Fidel ni Raúl, deben llegar hasta aquí.
Le dimos alcance al Comandante en Jefe y a Raúl que ya se encontraban bastante cerca del barco, a la salida de una calle a dos cuadras del antiguo cuartel de San Ambrosio, parados sobre la línea del ferrocarril existente, debajo de los puentes metálicos, en la propia ¨Avenida del Puerto¨ a unos 400-500 metros del Barco en llamas, con riesgo total para la vida de los dos.
El comandante Efigenio Ameijeiras les explicaba a ambos dirigentes la conversación que había sostenido con el oficial de la embarcación, que hablaba bastante bien el español, el cual le había informado que había peligro inminente de otra explosión. En esos propios instantes se produjo la segunda detonación. Recuerdo que todos los presentes, de forma instintiva, tratamos de cubrir lo más posible al compañero Fidel, hicimos un ruedo a su alrededor con nuestros cuerpos.
¨La Coubre¨ fue una devastadora explosión que vomitó metal ardiente a grandes alturas y distancias increíbles, y dejó numerosos muertos y heridos. Todo el mundo quería ayudar sin tener en cuenta el riesgo que representaba una segunda explosión, como realmente sucedió.
En el área exterior todo era una locura, la gente que vivía cerca, o los que llegaron primero, se encontraban recogiendo heridos, cadáveres, pedazos de cuerpos, además de la llegada constante de autos, ambulancias, carros de
bomberos, pipas de agua, camiones y otros.
La segunda explosión fue aterradora, fue un doloroso espectáculo de muertos y heridos, de fragmentos humanos, personas quemadas y otras totalmente achicharradas. Muchas municiones y granadas explotaron y crearon un hongo con fragmentos de todo tipo, que volaron como cohetes disparados hacia todas direcciones. La explosión no terminaba: era un estruendo acompañado de vibraciones y fuerte ruido, se sentían los sonidos de los grandes pedazos y de los fragmentos metálicos cuando pasaban cerca, además de ruidos impresionantes que acompañaban en su vuelo, los segundos parecían horas.
El público, lleno de dolor, se amontonaba en los elevados frente a la planta generadora de electricidad (Tallapiedra), clamando y gritando por sus familiares o amigos, por sus compatriotas, empujando a los cordones de policías y de milicianos, tratando de pasar para ayudar o saber de los suyos.
El comandante Raúl Castro en palabras que las llevo clavadas en mi memoria textualmente, pero no repetibles, dio enérgicas instrucciones al comandante Ameijeiras, indicándole que la población no podía pasar bajo ninguna condición. El resultado ya es conocido: más de cien muertos y muchos heridos.
Publicado el: diciembre 27, 2007
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