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Síntesis y críticas breves

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Enfermedades en el Imperio Romano. La Peste en Bizancio

por : Donanfer    

Autor : Donanfer
. Mientras, en el Este surgía un nuevo imperio romano, el imperio romano del Oeste se desintegró, pero el imperio bizantino
sobrevivió hasta 1204, cuando sucumbió ante el avance de las fuerzas latinas de la Cuarta Cruzada. Durante el siglo VI, Justiniano, tal vez el más grande de los emperadores bizantinos, hubiera podido convertir en realidad la aspiración de resucitar Roma y unir las dos mitades del Imperio. En el 532 lanzó un ataque hacia el oeste: reconquistó Cartago y la mayor parte de la costa norte de África, retomó Sicilia y cruzó a Italia. Nápoles fue ocupada por el general Belisario, mientras Roma y la parte central y sur eran recapturadas por el ejército imperial. En el año 540 la resistencia germánica parecía quebrada; Justiniano, además, había recuperado parte de España, siguiendo un plan audaz que pretendía extender sus conquistas a la Galia y hasta Gran Bretaña. Pero las victorias no fueron duraderas: los moros expulsaron a los bizantinos de los territorios africanos yen el 541 un brillante jefe godo, Totila, recuperó la mayor parte de Italia. Totila quiso llegar a un arreglo con Justiniano, pero el emperador estaba empeñado en una total reconquista. Siguieron once años de lucha cruenta, durante los cuales Roma fue sitiada cinco veces. En una de esas ocasiones, para lograr la rendición, los godos cortaron los acueductos. La pobreza y la suciedad medievales, probablemente, provienen de esta acción, porque Roma, con sus edificios magníficos y su prestigio histórico, nunca dejó de tener influencia en el estilo de vida europeo. Si Roma hubiera conservado una reserva importante de agua limpia, otras ciudades europeas podrían haber seguido su ejemplo. El reinado de Justiniano podría haber sido una época de gran esplendor para el Imperio. Éste rodeó sus dominios con una cadena defensiva de castillos y fuertes, construyó edificios maravillosos, como la Catedral de Santa Sofía, y su legislación, que completó la codificación del Derecho Romano, fue durante siglos la base de la Justicia europea. Además, poseía un ejército muy bien entrenado, comandado por generales exitosos, como Belisario y Narsés. Sin embargo, durante su largo reinado, los hunos casi logran apoderarse de la capital; los eslavos coparon Andreanópolis e infiltraron los Balcanes, y los persas saquearon Antioquía. La plaga de Justiniano fue una de las más letales que hayan azotado al mundo. Sabemos algo sobre ella por las descripciones de Procopius, secretario o archivista del reino. Los primeros casos se registraron en el año 540, en la ciudad de Pelusium, en el Bajo Egipto, y de allí se extendieron por todo el país y a Palestina, que parece haber sido el centro de difusión al resto del mundo conocido. Al principio, la mortandad no fue muy grande pero, a medida que avanzaba el verano, aumentaban los casos, hasta llegara diez mil muertes por día. No alcanzaba el tiempo para cavar las sepulturas, así que sacaron los techos de las torres y fuertes, los llenaron de cadáveres y luego volvieron a colocarlos en su lugar. Por primera vez estamos, en esta ocasión, en condiciones de emplear la palabra "plaga" con toda propiedad, pues, sin duda, se trató de la peste bubónica. Muchos enfermos entraban en coma de inmediato, mientras que otros padecían delirios violentos, en los que veían fantasmas y escuchaban voces que hablaban de su muerte. A veces, los bubones se abrían en heridas gangrenosas y el paciente moría con gran sufrimiento. Los médicos no podían pronosticar cuáles casos serían leves y cuáles fatales, se veían totalmente impotentes pues no se conocía un remedio para el mal. Al final de la plaga, un 40 por ciento de la población de Constantinopla había muerto. Esta plaga fue recurrente hasta el año 590 y no perdonó a ningún pueblo, llegando a las regiones más remotas. También aquí, como en la plaga de Cipriano, había subas y caídas estacionales. Muchos pueblos y ciudades fueron barridos o abandonados, la tierra se dejó de cultivar y el pánico colocó al imperio en un estado de gran confusión. Gibbon opina que muchos países nunca volvieron a tener la misma densidad de población. Procopius observa —un hecho que se registra también en otras crónicas de plagas—, que la depravación y la vida licenciosa durante y después de la epidemia sugieren que sólo los más perversos sobrevivían. No conocemos la incidencia que tuvieron las plagas en la caída de Roma y en el fracaso de las ambiciones de Justiniano; esto debe quedar como una pregunta abierta. Las infecciones incurables no respetan a nadie, son imparciales, atacan tanto a los más civilizados como a los menos. El ciudadano siempre está en un nesgo mucho mayor que el campesino, pues, en una epidemia mortal, una comunidad cerrada sucumbirá más rápido. Por eso, aunque la peste haya afectado el espíritu guerrero de las tribus salvajes, el impacto sobre Roma y la vida bizantina fue mucho mayor. Cuando se examina la terrible seguidilla de pestes que afligieron al Imperio durante la época de su decadencia, no es necesaro buscar una razón más poderosa capaz de producir ese desastre.
Donanfer
Publicado el: diciembre 26, 2007
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