En la huerta valenciana de aquella época resultaba la vida muy cara. Todos los
huertanos tenían que
trabajar la tierra para
poder comer. La mayor parte de ellos tenían que pagar un arrendamiento por trabajara las huertas, ya que no eran de su propiedad.
Partiendo de este punto, hay que decir que el tío Barret era un hombre que trabajaba una tierra que era propiedad de D. Salvador, pero que ésta había sido trabajada por sus antecesores. El comentario que se hace del tío Barret es debido al encuentro de una de sus hijas con Pepeta, mujer de Pimentó. Por unas circunstancias, el tío Barret no podía pagarle al propietario de la tierra los arrendos acordados. Esto al ser reiteradamente provoca que D. Salvador le impida
trabajar sus tierras, y también la cierra la barraca donde vivía con su familia. Este hecho hiere su orgullo y ciego por la ira lo mata. El resultado es que va la cárcel, disolviéndose su familia, obligando a ésta a desplazarse a Valencia en busca de trabajo.
Este suceso hace que muchos
huertanos se conjuren para que ninguna persona pueda nunca trabajar esas tierras. Hasta que llega Batiste, y tentado por el bajo arrendo de las tierras decide trabajarlas. La necesidad de su familia para poder comer hace que ignoren las constantes amenazas y acosos que sufren por parte de sus vecinos, y especialmente por Pimentó.
Los consejos que el tío Tomba le da a Batiste no surgen efecto por su afán de trabajar y de dar una seguridad a su familia. Éste le decía que esas tierras le traerían desgracias.
Su hija Roseta trabajaba en una fábrica de seda y era increpada por las hijas de la huerta que por desgracia para ella trabajaban allí. Esto también le ocurría a sus hijos varones, Batistet y Pascualet, que en el camino de vuelta a su barraca desde el colegio eran maltratados por los niños.
Con esto se deduce que todos los habitantes de la huerta estaban en contra de la familia de Batiste. Todos excepto el tío Tomba y su nieto Tonet, que estaba enamorado de Roseta y que esto le costó su trabajo.
El objetivo primordial de los huertanos era que Batiste y su familia tuvieran todo tipo de problemas mientras estuviesen trabajando esa tierra, porque por su culpa los propietarios habían perdido ese miedo a los huertanos, y las exigencias eran mayores y continuadas.
Ya nadie se acordaba de las tierras del tío Barret y menos de sus pobladores.
Esta situación hace que la familia de Batiste sea más sociable, y ese bienestar hace que el duro trabajo se lleve mejor.
Un cierto día Batiste decidió ir a la taberna de Copa, enterado de una apuesta entre Pimentó y los hermanos Terreróla, y al principio todo era normal. Aquellos jugando al truc y bebiendo aguardiente, y el resto de los hombres de la huerta mirando. Pimentó se puso a contar historias que le habían pasado con su arrendador y poco a poco se iba poniendo más serio. Diciendo finalmente que ahora no le tomaban en serio cuando sacaba la navaja y le pedían con más ahínco los arrendos. Y esto era por culpa de Batiste, al cuál amenazó seguidamente Pimentó, obligándole a abandonar el lugar, si no lo mataría. Batiste, desafiante, asintió con la cabeza que no se iba, y cuando iba a recibir la agresión de Pimentó le dió con una banqueta en la cabeza, teniendo que irse de allí.
Otra vez estaban todos en su contra. Cada vez que iba a Valencia, cogía su escopeta desconfiando de todo. Un día al regresar de Valencia le dispararon y el contestó también alcanzando al agresor, que era Pimentó.
Ahora ya no tendría cabida en una huerta totalmente hostil y su futuro era incierto.
Pimentó murió por uno de los disparos, y las represalias de los huertanos no se hicieron esperar, ya que una noche incendiaron su barraca, perdiéndolo todo.
Teniendo que partir a otro sitio en busca de otra tierra que trabajar, y sin tener que perder nada a cambio.
El tío Tomba no se equivocaba.