Pocas frases son más adecuadas para resumir la belleza de los monumentos de la Acrópolis de Atenas, y en especial
del Partenón, que la que escribiera Plutarco hace más de dos mil años: «De tal manera brilla siempre en ellos una flor de juventud que ha preservado su aspecto del paso del tiempo. Parece como si estas obras tuviesen un soplo siempre vivo y un alma inaccesible a la vejez» Tras la guerra con Persia, Pendes decidió restaurar los templos y edificios públicos de Atenas, como símbolo de la victoria de Grecia sobre la barbarie y del nuevo predominio de Atenas sobre la Hélade. En gran parte, financió su programa de embellecimiento de la polis con el tesoro de la Liga Délica, el dinero aportado para ¡a guerra por ¡as ciudades aliadas. La Acrópolis ateniense estaba situada en una colina rocosa que sirvió de fortaleza natural y fue lugar de asentamiento humano desde época neolítica. Esta circunstancia da al conjunto un aspecto «desordenado», ya que el único elemento articulador del espacio era la vía procesional, relacionada con los ritos más importantes de la polis. Se encargó la supervisión y dirección de las obras de reconstrucción al escultor Fidias, que había alcanzado fama con una gran escultura de bronce, la mayor que jamás se fundiera en Atenas, dedicada a Atenea Promakos, «la que combate en primera línea». Los Propileos marcaban ¡a entrada solemne a la roca por el único lugar en que era accesible. Fidias realizó otra gran escultura de Atenea para la Acrópolis, la Atenea Parthenos ó “virgen”. Su tamaño era aún más colosal, doce metros, y estaba realizada en madera revestida de marfil y oro, de ahí la denominación de criselefantina. Para cobijarla se reconstruyó el Partenón, el principal
edificio de todo el conjunto. Los arquitectos lctinos y Calícrates enclavaron el nuevo templo en la parte más alta de la roca. Levantado sobre el inacabado Hecatompedón, otro templo cuya erección comenzó antes de las guerras médicas, y del que se aprovecharon algunos materiales, el Partenón fue concebido como el edificio cumbre dentro del proyecto de Pericles. Sobre una base de tres escalones, las
columnas sostenían un entablamento compuesto por arquitrabe sobre el que se asentaba el friso de triglifos y metopas. En los lados oriental y occidental se ubicaban dos frontones triangulares, con decoraciones en relieve. La unidad y equilibrio del edificio estaban basados en sus cuidadas proporciones fijadas a partir de un módulo inicial tomado del diámetro de la parte inferior de la columna: 1,10 m. Como en otros templos griegos, los arquitectos introdujeron una serie de correcciones ópticas para eliminar posibles imperfecciones en la visión del conjunto. Los espacios entre columnas no eran idénticos entre sí y , además, las de los extremos estaban ligeramente indinadas hacia el eje del templo, para contrarrestar la tendencia a percibirse indinadas hacia dentro,; el resto de las columnas se indinan hacia dentro 6cm respecto a la vertical. Los fustes eran más gruesos en la parte central, para contrarrestar la ilusión óptica de concavidad derivada de un fuste recto: este recurso se denomina éntasis. Tradicionalmente se ha atribuido la decoración escultórica del Partenón —ubicada en frontones, metopas y friso- a Fidias, aunque es difícil precisar qué parte del trabajo es obra de su taller. El frontón occidental representaba la contienda de Atenea y Poseidón por el patronato de Atenas: la diosa hizo brotar del suelo de la Acrópolis el olivo, y el dios el caballo. El frontón oriental ilustraba el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus. Las metopas del lado norte, probablemente dedicadas a la destrucción de Troya, están prácticamente perdidas. Todas las figuras estaban pintadas con vivos colores, pero la policromía se ha perdido. La procesión comienza en el lado occidental y sigue caminos paralelos por los flancos norte y sur. La ceremonia propiamente, dicha tiene lugar; en el lado oriental, al que. se acercan las jóvenes-atenienses ataviadas con hermosos peplos. - En el centro, un’ joven hace entrega del manto doblado a un magistrado, en presencia de la sacerdotisa de Atenea; contemplan la escena varios dioses y héroes sentados, cuya presencia no es advertida por: los mortales. Rasgos unificadores son el modelado airoso y natural de los paños, el perfecto estudio de las anatomías y las expresiones serenas. El Partenón, al igual que todos los templos’ griegos, estaba pintado. Se supone que las estrías de las columnas estuvieron decoradas en rojo; los ábacos, en azul; los triglifos, en azul y amarillo, y los fondos de los frontones y las metopas, en rojo. Muertos Pendes y Fidias, se levantó el Erecteón (420-405 a. C.), templo jónico destinado a varias divinidades relacionadas con los mitos fundacionales de Atenas. A uno de los lados tiene una tribuna sujeta por cariátides. Se labraron ricas molduras con motivos geométricos y florales; el friso estaba formado por figuras de mármol recortadas y embutidas en un fondo de piedra. A comienzos del XIX se arrancaron la mayor parte de los relieves, que fueron vendidos al Museo Británico; algunos restos de escultura se conservan en el Louvre, Copenhague y Atenas. En esta restauración se cometieron graves errores. En los últimos tiempos, el edificio soporta un peligroso deterioro por el turismo masivo y la contaminación
Donanfer.