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Síntesis y críticas breves

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Historia de los Libros Prohíbidos

por : Donanfer    

Autor : Donanfer
Resumen Historia de los Libros Prohibídos Bajo los adoquines de la antigua Plaza de la Ópera de Berlín, muy cerca del edificio
principal de la Universidad Humboldt, yace La biblioteca sumergida. Micha Ullmann, el maestro escultor israelí que la proyectó, colocó en ella estantes suficientes para albergar veinte mil volúmenes. Sin embargo, sus blancos anaqueles permanecen vacíos. Aquella noche, veinte mil libros seleccionados por los nazis por sus "contenidos antialemanes" fueron arrojados a una inmensa hoguera en la que se consumieron, además de innumerables escritos de autores judíos, obras de Marcel Proust, H. G. Wells, Jack London, Thomas Mann... La operación había sido coordinada por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, quien afirmaba que esa acción constituía "el fin de la época extremista del intelectualismo judío". Así justificó lo que él denominaba "la entrega a las llamas del espíritu diabólico del pasado". Sigmund Freud, cuyos libros se encontraban entre los seleccionados para ser destruidos, comentó irónicamente a un periodista que en realidad semejante fenómeno era un avance en la historia humana. En su Historia universal de la destrucción de libros (Ecl. Sudamericana), el asesor de la Unesco y experto en bibliotecas antiguas Fernando Báez indica que éstos no son perseguidos como objeto físico, "sino con ánimo de aniquilar la memoria que encierran, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera Esto explica las causas de la primera prohibición de libros a gran escala de la que tenemos noticia, ordenada por el emperador chino Chi-Huang Ti en el año 213 a. de C. El soberano mandó destruir todas las obras escritas que no versaran sobre agricultura, medicina o adivinación. En 1559 vio la luz una inquietante obra que supone uno de los máximos símbolos de la persecución bibliocida: el Indice de los libros prohibidos. La edición publicada en 1948 aún contenía cuatro mil títulos censurados por herejía o por su dudosa moralidad. En la actualidad, el título IV del Código de Derecho Canónico de la Iglesia católica, referido a los instrumentos de comunicación social y especialmente a los libros, establece en sus cánones 831 y 832 que "sin causa justa y razonable, no escriban nada los fieles en periódicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religión católica y que "los miembros de institutos religiosos necesitan licencia de su Superior mayor (..) para publicar escritos que se refieren a cuestiones de religión o costumbres."El libro fue buscado casa por casa, confiscado y quemado. Aunque no está claro que éstos formaran parte de la famosa biblioteca, Femando Báez cree que habían sido adquiridos para la misma. En la larguísima lista autores cuyas obras han sido perseguidas aparecen desde Homero, cuya Odisea desaconsejaban leer algunos filósofos clásicos, hasta J. K. Rowling y su Harry Potter, condenado por diabólico —sí, sí, diabólico— por diversas comunidades religiosas en pleno siglo XXI. Pero si hay un caso que aún continúa es el que atraviesa el escritor angloindio Salman Rushdie. Incluso los traductores y editores de la obra fueron amenazados. Las confiscaciones y destrucciones de libros practicadas por la Iglesia se multiplicaron con los emperadores romanos Teodosio y Valentiniano, en especial las de los nestorianos, una secta que no reconocía la supremacía del Obispo de Roma, y alcanzaron su máximo apogeo en 1559, con la publicación del Indice de los libros prohibidos, ordenado por el papa Pablo IV Apenas un siglo antes, los turcos habían demostrado que también sabían destruir la palabra escrita. La controversia que generó la obra de Darwin Sobre el origen de las especies por medios de la selección natural se prolongó durante décadas. El profesor de biología John T. Scopes, que había desafiado esa ley, fue enjuiciado, declarado culpable y condenado a pagar 100 dólares, una multa anulada poco después. El 30 de agosto de 1980, conocido como ‘el día de la vergüenza del libro argentino", fueron quemadas en Sarandí más de un millón y medio de obras pertenecientes al Centro Editor de América Latina (CEAL). Aún más recientemente, en 1992, la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina, en Sarajevo, que había sido abierta en 1896, fue bombardeada por orden del general serbio Ratko Mladic con obuses incendiarios. La biblioteca conservaba casi dos millones de volúmenes y ciento cincuenta y cinco mil obras raras. Pocos ejemplares pudieron ser salvados. Hoy, en la antigua Plaza de la Ópera de Berlín, una placa con una cita del poeta judío Heinrich Heme, cuya obra también ardió en el bibliocausto nazi, rememora aquel episodio: "Ahí donde queman libros, terminan quemando hombres".
Donanfer
Publicado el: diciembre 20, 2007
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