El
otoño del Patriarca
Si usted amigo lector se ha sumergido en la
obra más parecida a García
Márquez se verá en una avenida saltando semáforos y cualquier otro medi-
o de señalamiento; a una velocidad no permitida y
con la libertad de mane-
jar a su antojo.
Quisiera presentar un extracto de esta gran obra:
"..., y las mesetas de magnolias silvestres donde pacían las ovejas de ti-
bia lana que nos proporcionaban sustento generoso y abrigo y buen ejem-
plo y las mansiones de los cafetales con sus guirnaldas de papel en los
balcones solitarios y sus enfermos interminables y el fragor perpetuo de
los rios turbulentos de los límites arcifinios donde empezaba el calor y
había
al atardecer unas ráfagas pestilentes de
muerto viejo muerto a tra-
ición muerto solo en las plantaciones de cacao de grandes ojas persis-
tentes y flores encarnadas y frutos de baya cuyas semillas se usaban
como principal ingrediente del chocolate y el sol inmóvil y el polvo ardi-
ente y la cucúrbita pepo y la cucúrbita melo y las vacas flacas y tristes
del departamento del atlántico en la única escuela de caridad a doscien-
tas leguas a la redonda y la exhalación de la mula todavía viva que se
despanzurró con una explosión de guanabana suculenta entre las matas
de guineo y las gallinitas espantadas del fondo del abismo... ".
Me siento ir en una recta interminable a 300 Km/h. y vaciarme sintiendo
el resoplido del viento solitario -haciendo estragos-, al entrar a los lugares
más inhospitos del alma.
José Contreras.
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