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Síntesis y críticas breves

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Crimen y castigo, final

por : Martin Lucas Perez    

Autor : Fiodor Dostoievski
6ª parte: El juez Porfirio Petrovich hace una nueva visita a Raskolnikov. Le dice que está convencido de que Nikolai
no es más que un obseso de la expiación y que aunque no tiene ninguna prueba, ha llegado a la conclusión por mera deducción psicológica (por la forma en que le ha visto comportarse y por lo que conoce de él) de que él, Raskolnikov, es el asesino, que se trata fundamentalmente de un crimen intelectual con el que buscaba probar una teoría. Raskolnikov lo niega, pero el otro le asegura que no viene a detenerle “todavía”. Cree que lo mejor es que él mismo se entregue y no sólo porque así obtendrá un mayor beneficio en el juicio, sino porque “la cárcel tranquiliza al culpable”. Añade que es lo suficientemente joven como para que la reclusión que le espera no destroce completamente su vida. Acaba dándole 48 horas para entregarse, diciendo que si no le detendrá él, aunque sea sin pruebas, y le pide que en el “improbable” caso de que decida suicidarse, haga el favor de dejar señalado por escrito el lugar donde oculta el botín.
Raskolnikov decide ir a visitar a Svidrigaylov para tratar de averiguar si es él quién le ha dado la información y le encuentra borracho en una taberna, preparado para acudir a una cita que dice que es importante para él. Svidrigaylov le cuenta su historia de seductor (con una táctica, dice, basada en la adulación: “en el mundo nada hay tan difícil como la franqueza ni tan fácil como la lisonja”) y le habla de sus repetidos fracasos ante Dunia, que lleva aún clavados. Después de dar un paseo con él, Svridrigaylov se despista de Raskolnikov y marcha a su cita, que resulta ser con Dunia. La conduce a su casa con el pretexto de enseñarle un documento y hacerle una revelación, y allí le cuenta lo que sabe de su hermano y la convence al hablarle de las teorías del artículo que ella conocía bien. A cambio de que la muchacha se le entregue, ofrece llevar a toda la familia al extranjero y amenza con violarla. Sonia, tras negarse a todo y acusarle de haber envenenado a su esposa, esgrime una pequeña pistola que le ha robado a él y dispara dos veces, pero falla en ambas ocasiones. Cuando parece que va a caer en sus garras, Svridrigaylov se siente mal por verse incapaz de conquistarla por las buenas y la deja marchar. Toma la pistola con la única bala que resta y visita a Sonia. Le da dinero para ella y los niños diciendo que se va a marchar a América y lo mismo hace poco después con su joven pretendiente. Finalmente, se mata pegándose un tiro.
Raskolnikov, que parece haber descartado su suicidio y se ha decidido a entregarse, acude a visitar a su madre y se despide de ella como si no la fuera a volver a ver, aunque no le cuenta nada. Luego se encuentra con Dunia, a la que sí dice que va a entregarse a pesar de que todavía tiene muchas dudas sobre su culpabilidad desde el punto de vista moral: “Decididamente, no comprendo por qué es más glorioso arrojar bombas contra una ciudad sitiada que asesinar a hachazos a una persona”, y dice que espera que el descartar el suicidio y entregarse no vaya a ser considerado como un acto de cobardía.
A continuación se entrevista con Sonia y le dice de malas maneras que es ella la que le obliga a emprender ese paso, aunque no duda en cumplir fielmente lo que le ha recomendado hacer y se arrodilla en el centro de la ciudad diciendo a todos a su paso que es un asesino. Luego, seguido de lejos por Sonia, marcha a la comisaría. Allí, se sienta con el secretario Zametov y trata de encontrar las palabras con que declararse culpable. El otro, que tiene cerrado el caso y completamente descartada su culpabilidad, charla distendidamente con él y le da la noticia del suicidio de Svridrigaylov. Al conocer este detalle y ver que ya no puede temer la delación de ese hombre, parece cambiar de idea. Musita una excusa y sale a la calle. Allí, la mirada “desesperada” de Sonia le vuelve a encauzar en el buen camino. Regresa y confiesa.
Epílogo: Raskolnikov ha sido condenado a ochoaños y ha pasado ya cerca de uno en Siberia. Su madre enfermó tras su ausencia y su razón se deterioró. Aunque no se le ha contado nada, parece imaginárselo todo aunque inventa para su consuelo que su hijo ha tenido que salir del país por temor a sus envidiosos enemigos. Finalmente, la mujer muere. Sonia se ha trasladado a Siberia y visita frecuentemente a Raskolnikov, aunque él se muestra bastante frío con ella y sigue mostrándose nihilista, orgulloso y misántropo, tan lejano a la plebe de prisión tanto como a los tres o cuatro intelectuales que hay por allí. Un día la chica enferma ligeramente, pero su ausencia le hace aprender a valorarla. El siguiente día Raskolnikov se arrodilla ante ella y dice comprender su situación tanto como la comprende ella, porque asegura que a partir de entonces sus pensamientos van a ser siempre los de ella.
Publicado el: diciembre 18, 2007
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