En San Petersburgo, el estudiante de derecho Rodión Romanovich Raskolnikov, vive en la miseria, sin recursos para poder proseguir sus estudios. Cada vez más misántropo e inquieto, da vueltas a un plan que dice tener en la cabeza mientras visita a una vieja
prestamista, Alena Ivanovna, que le recoge ásperamente un reloj a cambio de una cantidad insignificante. En una cantina, conoce a Marmeladov, funcionario
borracho que acaba de dilapidar su última oportunidad de volver
Al trabajo y que se bebe lo poco que le queda a pesar de que tiene mujer y varios hijos amenazados de deshaucio y sólo socorridos por la hija mayor, la dulce Sonia, sacrificada en un burdel. Raskolnikov acompaña al borracho a su casa y al ver el panorama regala a la familia el dinero que la han dado por el reloj.
En una carta, su viuda madre Pulqueria le cuenta que se van a acabar las penurias porque su hermana Dunia, que ha dejado de trabajar de institutriz en casa de un tal Svidrigaylov que la acosaba continuamente, ha encontrado un buen partido, Lujin, abogado próspero y formal, y se
va a casar muy pronto. Sin embargo, Raskolnikov ve en ese matrimonio una mera entrega de su hermana comparable a la que realiza la hija del borracho para mantener a su familia, y se juramenta para que nunca se lleve a cabo. Por casualidad,
escucha una conversación callejera por la que se entera de que Isabel, la amable y considerada hermana de la prestamista, va a estar ausente de casa al día siguiente a las siete, lo que le decide a fijar definitivamente esa fecha para cumplir su plan: “sintió de pronto una completa ausencia de su libertad, de su libre albedrío y se dio cuenta de que todo estaba definitivamente resuelto”.
En una soga anudada bajo el gabán coloca el
hacha que coge de la portería y se presenta en casa de la prestamista. Le da un objeto envuelto que dice que es una pitillera, pero no es más que un trozo de madera, y mientras lo desenvuelve saca el hacha y la mata golpeándole varias veces. Le quita una bolsita que lleva atada al cuello y varios objetos de los cajones y entonces escucha ruido: es la hermana, que acaba de regresar. Sin pensarlo, Raskolnikov la mata
con el mismo arma y se entretiene en limpiar la sangre. Cuando va a abrir la puerta para salir, escucha que al otro lado hay un cliente que viene a ver a la vieja y se extraña de que no le abran, y a él se le suma un vecino que también se extraña de que no haya nadie. Mientras los dos bajan a preguntar al portero, Raskolnikov sale y, para que no se crucen con él en la escalera, se mete en un cuarto sin alquilar que tiene la puerta abierta. De allí se escapa sin más problemas y de nuevo en su casa, deja el hacha en el sitio donde la cogió.
Publicado el: diciembre 18, 2007
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