Ensayos La disección de una rana en público es uno de los ejercicios escolares más ingratos, uno de los recuerdos que con
más rapidez la memoria procura pasar a retiro. Pero tal como la practica Gore Vidal es una fiesta de malicia y puntería, tanto para el análisis de escritores como de políticos, de obras impresas o de mandatos presidenciales. La forzosa inmodestia que sostiene esa gimnasia quizá se la haya proporcionado el haber estrechado la mano de André Gide, de George Santayana, de la familia Kennedy; el haber conocido, como suele decirse, a todos . Puede también que haya cultivado ese tono aleccionador, tonificado por la ironía, durante los treinta años que vivió en Ravello, en una mansión trepada a un precipicio en la costa amalfitana. La prominencia impone un modo de observar y un estilo, y facilita un resto, una reserva, que cualquiera confundiría con una infinita vanidad. (La dificultad de acceso a la casa es, dicho sea de paso, inversamente proporcional a la claridad de la prosa de Vidal.) O puede ser que haya perfeccionado su exquisita mordacidad por medio de la distancia que brinda la novela histórica, género en el que probó sus armas en varias épocas, casi siempre detrás de la máscara de personajes imperiosos: Juliano el Apóstata, Ricardo Corazón de León, Lincoln, el Mesías. No olvidemos que la historia cautivó a Vidal aún más que a sus admirados Anthony Burgess y Robert Graves, en una época en la que la novela histórica no sufría de problemas respiratorios e insuficiencia gramatical. Como sea, esta suficiencia le permitió detectar y demoler a los pares sobrevaluados pero no le impidió honrar a los antecesores reverenciados. Hombres públicos y privados. En más de cincuenta años de trabajo puso bajo la lente a Henry James, Oscar Wilde, Bernard Shaw, Henry Miller, Francis Scott Fitzgerald, Vladimir Nabokov, Leonardo Sciascia, Italo Calvino, Montaigne. Pero también a Roosevelt, Nixon, Reagan, el 11 de septiembre de 2001. Lo que pone en juego esta colección de
ensayos es una tradición literaria y una herencia política: qué preservar, qué reivindicar, qué impugnar. De allí que a Vidal le interesen políticos con más de una cara, o novelistas que también son ensayistas, como V.S. Pritchett y Edmund Wilson. Por eso es de lamentar, en una recopilación de casi mil páginas, la ausencia de los escritos de Vidal sobre sus adoraciones más secretas: el mago de Oz, Paul y Jane Bowles, Christopher Isherwood, Thomas Love Peacock, Logan Pearsall Smith, Dawn Powell, Frederic Prokosch. El antólogo privilegió los territorios más o menos conocidos en lugar de ampliar el horizonte de los curiosos. No obstante, apariciones subrepticias delatan lecturas entusiastas y despejan otras sendas: Mary McCarthy, Frank Kermode, Robert Burton, Frances Yates, Richard Ellmann y las interminables barbas sin extensiones de George Saintsbury y John Ruskin. Como su maestro Henry James, en Vidal la maestría crítica y la maestría narrativa van de la mano. Los ensayos de Vidal son un modelo de estilo, de impiadoso rigor ético y estético. Sin el menor tizne del engolamiento propio de esos literatos cuyas cabezas parecen ataviadas -si algo así estuviera al alcance de sus bolsillos- por estilistas tártaros. El rango temático es generoso, los desvíos conducen a los sitios menos obvios. Si se insiste en el texto sobre Mishima es porque es especialmente revelador: "El alcance, la variedad y el carácter público de su carrera me resultan de una ominosa familiaridad". Atendamos a Vidal acerca de la nueva novela francesa: "Acaso el aspecto más ingenuo de la teoría de la ficción de Robbe-Grillet sea su convicción de que las
palabras pueden describir cualquier cosa con absoluta precisión". (Aquí, la versión del traductor Eduardo Iriarte dicta todo lo contrario: "Tal vez el aspecto más ingenuo de la teoría de la ficción de Robbe-Grillet sea su suposición de que las palabras nunca pueden describir nada con precisión absoluta". ¿Qué otra cultura podría haber engendrado a alguien como Hemingway sin verle la gracia al asunto?" A Vidal le interesa el carácter, el ego, por eso le interesa la política: el ascenso y caída de una fisonomía. La segunda mitad de Ensayos (1952-2001) conforma un retrato de la política norteamericana de los últimos dos siglos. La política según Vidal: la amistad y la traición -la literatura, la descortesía- por otros medios. Son contados los escritores con igual perspicacia para el examen político y poético. Pero no esconde ninguna artimaña quien fuera iniciado a la literatura de la mano de El mago de Oz : "No podía parar de leer y releer ese libro. Pero ´leer no es el verbo correcto. Debe ser un don difícil de identificar el de quien logró surcar un siglo con semejante determinación, semejante para permanecer vulnerable.
Donanfer