Nació en Dublín el dos de febrero de 1882, el día de Santa Candelaria, patrona en casos de tormenta; paradójico, si se piensa
que siempre le tuvo un terror ciego a los truenos y a las tormentas. Era el primogénito de una numerosa familia burguesa, y adquirió una sólida cultura clásica en un colegio de los jesuitas, al mismo tiempo que una educación rígida que había de dejar una profunda huella en su temperamento y su obra, marcada principalmente por el alcoholismo de su padre, funcionario acosado por la pobreza por no darles una mala vida a sus hijos, padre del que recibió severos castigos en su infancia.
Se formó en el Conglowes Wood College, en el Belvedere College y en la universidad de su
ciudad natal. Educado con los jesuitas, estuvo a punto de ingresar al noviciado, luego de lo cual se transformó en una fervoroso apóstata de la fe cristiana, a pesar de haber sido criado con férreos principios católicos. Vivió la problemática compleja de los movimientos nacionalistas irlandeses, caracterizándose en su vida universitaria por violentos ataques contra el catolicismo y por la reiterada afirmación de su vocación artística en conferencias rebosantes de entusiasmo. Recibió la influencia de Aristóteles y Santo Tomás, así como de los grandes escritores románticos ingleses y, más tarde, de los simbolistas, del teatro universitario de Ibsen y de la novela francesa del siglo XIX; por el contrario, no sintió apenas simpatía por el “Renacimiento celta” de Yeats.
Durante su estancia en la universidad dedicó parte de su tiempo a aprender idiomas y llegó así a apreciar el auténtico valor de Dante, Giordano Bruno y Giambattista Vico, por los que sintió especial predilección.
En 1902 realizó un breve viaje a París, con el único objetivo de conocer y vivir en un ambiente cosmopolita. En esta ciudad comenzó a estudiar medicina, pero abandonó sus estudios por la poesía, además de que pronto se vio obligado a regresar a su
patria a causa de la muerte de su madre, patria de la que más tarde se exiló, por motivos políticos, acompañado por Nora Bernacle, una camarera de Galway y futura esposa. Se estableció entonces en Trieste, donde vivió algo más de diez años salvo unos meses en roma y algún viaje a Dublín. Tuvieron un hijo y una hija y vivían con los escasos recursos proporcionados por su trabajo como profesor particular de inglés y con los préstamos de algunos conocidos.
Fue un apasionado viajero, visitó Zurich, Roma y París, pero viéndose siempre agobiado por continuas dificultades pecuniarias, así como por su naturaleza enfermiza y por las convulsiones de dos guerras mundiales.
En Trieste, donde enseñó inglés en la Berlitz School, terminó su poema lírico
Música de Cámara(1907), y los
Dublinenses (1914), colección de escenas y retratos de su ciudad natal y punto de partida de una forma narrativa audaz y violenta que luego cuajaría en su obra maestra
Ulises(1922).
En 1914 debe huir de Trieste a Zurich por culpa de la guerra. En este momento ya tenía listo su
Retrato de un artista adolescente, novela fuertemente autobiográfica
Luego de publicar
Ulises este último, comenzó a trabajar en el indescifrable
El despertar de Finnegan, que fue publicado en el año 1939.
En 1916 publicó
Retrato de un artista adolescente, gracias a que su discípulo Ezra Pound logró “meter” la obra en una revista de Londres, “The Egoist”. En 1920 se estableció en París, donde publicó
Ulises gracias al apoyo de la colonia anglosajona y particularmente de Sylvia Beach, pudo publicar el ya citado
Ulises, libro simbólico naturalista que describe a su autor y a su ciudad en una transposición de los episodios de la Odisea. (Los primeros ejemplares de esta obra fueron publicados en Dijon, y llevados de contrabando a Londres).
Toda la obra de Joyce, marcadamente autobiográfica, está inspirada, al parecer, en sus experiencias del período dublinés y en una profunda añoranza de Irlanda.
Cultivó así mismo el teatro, y en 1918 publicó, a la manera de Ibsen, un drama, Desterrados, de gran importancia y que aumentó su fama extraordinariamente, especialmente a partir de su estreno en Nueva York.
Después de vivir varios años en París, cuando los alemanes invadieron Francia al principio de la Segunda Guerra Mundial, Joyce se trasladó a la parte inocupada de Francia y luego a Zurich, donde murió el 13 de enero de 1941.