Kafka, el
praguense Al lado de James Joyce, Robert Musil y otros más, Franz Kafka es sin duda uno de los escritores más destacados
del siglo que termina. Al conmemorar este año el 80 aniversario de su muerte surgen, como es natural en casos semejantes, declaraciones de una serie de especialistas que tratan de responder incógnitas en torno a la vida del autor de La Metamorfosis, El Proceso, El Castillo, América y muchos otros. Franz Kafka nunca prestó mayor atención a la publicación de sus obras, porque para él lo importante era escribir, ya que así se autorrealizaba plenamente. A su amigo Max Brod debemos que se salvara y publicara la obra de Kafka, a
pesar de que éste antes de morir le pidiera la destrucción de todos los diarios, cuentos y novelas. La obra de Kafka peligró en dos oportunidades más. Primero bajo la bota de los soldados nazis que tenían la orden de destruir todo lo que fuese judío y después "la dictadura del proletariado" que apegada al materialismo dialéctico calificó a Kafka de autor metafísico sin mensaje alguno para el pueblo trabajador por lo que fue inscrito en la lista negra de los autores peligrosos para el régimen comunista. La vida de Franz Kafka se vio marcada por un profundo sentimiento de inseguridad que en muchas oportunidades le llevó a destruir novelas completas, asfixiado por demonios internos que permanecerán anónimos para nosotros, su obra ha caminado por los senderos más extraños del mundo de la literatura. El propio Kafka, ni las censuras alemana ni comunista, pudieron silenciar el mensaje perenne de su obra. Un tanto irónico, o quizás curioso ha sido el hecho de que la obra de Franz Kafka fuera publicada primero en francés y no en alemán el idioma original. Intelectuales franceses como por ejemplo Albert Camus, Jean Paul Sartre, André Breton y otros, descubrieron la genialidad de Kafka y de su obra, por lo que buscaron la difusión de la misma. Pero de seguro podemos decir sin temor a equivocarnos que la personalidad de Franz Kafka, descubierta a través de sus obras, es la de un escritor de características psicológicas excepcionales, que se movían entre la genialidad y la mayor inseguridad y temores infundidos imaginables. La realidad interna de Kafka supera toda fantasía. Kafka se vio obligado a desarrollar una personalidad autosuficiente ante la falta de respaldo de la cultura de su entorno, que fue más bien cerrada y coherente Un tercer grupo de estudiosos se inclina por sostener que Kafka no se puede poner en una categoría específica y decir que era judío o alemán, porque ante todo fue
praguense. Y ser praguense en la época que vivió Kafka significó tener algo de alemán, algo de judío, pero también algo de checo. En una postura un tanto limitada algunos círculos sostienen que al escribir en alemán no puede formar parte del legado cultural del país. No debemos olvidar que los checos protagonizaron grandes luchas para la implantación y reconocimiento de su idioma. Y Kafka se mantuvo en una situación excéntrica en lo referente a las manifestaciones nacionalistas checas. Otros intelectuales de la época de Kafka toparon con dicha realidad, sin embargo, con mayors facilidad optaron por alguna de las opciones y echaron fuertes raíces en los círculos intelectuales checos, judíos o alemanes. Alguien dijo que Kafka escribía para espantar los demonios, los espíritus y las asfixiantes pesadillas que le asediaban aún cuando estaba despierto. Hermann Kafka nació en 1852 en Osek, localidad de Bohemia del Sur, en el seno de una familia humilde. Su padre era carnicero y en casa se hablaba checo. Estaba convencido de que lo único importante en la vida era el reconocimiento público. Hermann Kafka optó por la nota alemana. A pesar de haberlo estudiado en la escuela, el alemán de Hermann Kafka era muy deficiente, aún a los 30 años de edad. Julie Lowy y Hermann Kafka, tuvieron seis hijos. Franz, el mayor, y sus tres hermanas, Elli, Valli y Otla, fueron educados en escuelas alemanas, respondiendo a la obsesión de su padre. Nacido en Praga el 3 de julio de 1883, Franz Kafka fue "un niño frágil pero sano" dijo una vez su madre. Nació en la casa (U veze) de la Torre número 27, en la propia línea que separaba el barrio judío y el alemán, mezcla de culturas que marcaran su vida y su obra.A lo largo de su vida Franz Kafka -con excepción de los últimos años afectado por la enfermedad- apenas se alejó del radio de la Ciudad Vieja de Praga. Pero Kafka no era sólo penumbra y sufrimiento. No son justos aquellos que le niegan momentos de alegría, diversión, risas, deseos y placer. Cuando sus hermanas creciero, el universo femenino se fue convirtiendo, por clara oposición a los caprichos de las posturas viriles de su padre, en un refugio para el joven Franz Kafka. Son pocos los trabajos sobre Kafka en los que se reconoce que a pesar de sus traumas, debilidad, inseguridades y enfermedad fue un seductor de grandes magnitudes. Sus amores fueron concretos, las mujeres que dejaron huella en su vida tuvieron nombre: Felice Bauer, Grete Bloch, Julie Wohryzek, y las más conocidas Milena Jesenská y Dora Dyamant. DONANFER