LLEGÓ LA NAVIDAD Llega la Navidad, como todos los años, alegrías, juguetes, pavo, panetones, sonrisas por aquí, sonrisas por allá, calles alegres, bullicio, tiendas llenas; es que es la Navidad, en que se supone que todos deben estar alegres, pues se celebra el nacimiento del niño Jesús, o es que lo hemos olvidado, o es que no nos interesa, y lo único que nos importa es pasar unos días de celebraciones, de jolgorio, y de entretenimiento con nuestras familias. Pero no debemos olvidar que no solo existen risas, sino también lágrimas, que no todo es alegría, sino también tristeza, que no solo existen caras de alegría, sino también caras que nos observan, sobre todo caritas de pequeños, que piensan que el no tener nada es lo más normal del mundo, y que nacieron para mirar la alegría de los demás, para servirles el día que ellos gozan, o para cargarles los paquetes, con las compras que otros hacen, y que para ellos es un día como otro cualquiera, de
repente con unas propinas más, con algo de comida más, con un poco de trabajo más. Es que esta es nuestra Navidad, una Navidad con egoísmo, sin esa solidaridad, con que debería ser esta fiesta, una fiesta comercial en que el gran negocio lo hacen las grandes tiendas, y que al final reparten unas pocas migajas que se les caen de la mesa; pero eso es nuestra Navidad, una Navidad de ¡Salud por este día! y que al día siguiente la familia entera sale a disfrutar de estas fiestas, pero debes pensar que algunos ojos te están observando, y que por momentos se empañan, por que no pueden tener lo que tú si puedes, y que agachando la cabeza, dan la espalda y se marchan pensando en que al día siguiente habrán terminado estas fiestas, estas fiestas navideñas, que deberían ser para todos y no para unos cuantos que sí pueden costearse las vanidades que queremos darnos. Muchos hemos comercializado estas fiestas como si fueran grandes ferias de compras y ventas, de gastos y de ganancias, de comer bien, de vestirnos bien, de divertirnos bien, de gozar y de entretenernos, hasta agotarnos o acabar nuestros sueldos, pensemos un poquito en el prójimo, en nuestros vecinos en nuestros hermanos, en el desposeído, en el que no ha tenido la suerte que otros si la han tenido.
Cuando den las doce de la noche este 24, acuérdate de ellos que no tienen lo que tú sí tienes, acuérdate de esas lágrimas de esos pequeños o de esas lágrimas que son más tristes cuando son de adultos, cuando son de impotencia, cuando son de rostros trajinados y agrietados por las penurias y los sinsabores de sufrimientos y de seres incomprendidos, y comparte con ellos algo de lo que Dios te ha dado, y que de repente se equivocó al repartir las riquezas y a algunos les tocó demasiado y a otros muy poco o casi nada, acuérdate de aquellos, que te observan , y que su única alegría es verte y sonreir por que tú sonries, da una mano , comparte algo y verás lo bien que se siente. La mejor recompensa será el sentirte bien contigo mismo. Ten en cuenta que te pudo haber tocado estar en el otro ladoy ser tú el que no tuvieras algo, te pudo haber tocado el estar al acecho para recoger lo que tú arrojes de tu mesa llena, nada cuesta mirar al costado y ver la realidad cruda y triste de otros, de esa madre que te cocina o que asea tu ropa por un sueldo, o de aquel niño que limpia la luna de tu auto en un semáforo, o de aquel hombre que te pide un trabajo agachándote la cabeza para que no veas sus lágrimas, todos aquellos son los grandes
perdedores de siempre, son los eternos perdedores de la vida. Por lo que puedas hacer por ellos, las gracias por adelantado, y FELIZ NAVIDAD.