Los dramaturgos de la posguerra se enfrentaron a una censura que imposible ofrecer una visión crítica de la realidad. Las
figuras que desenmascaran, desde perspectivas diferentes, la realidad de la que nadie quería hablar públicamente son Buero Vallejo y Alfonso Sastre. El teatro de Buero investiga en la condición trágica y ambigua de la libertad humana, mientras que la obra de Sastre concibe el teatro como un instrumento de acción revolucionaria. A finales de la década de 1950 surge una nueva promoción, la de los
autores de la generación perdida (Lauro Olmo, Martín Recuerda y Luis Matilla, entre otros). Coinciden en sus planteamientos y temáticas: siguiendo el realismo crítico, hablan de la explotación del
hombre por el hombre y de la injusticia social. A lo largo de la década de 1960 aparece un nuevo grupo de autores que se caracterizan por su rechazo del realismo y su interés experimentalista. Su estilo teatral se integra en las nuevas formas del teatro de vanguardia. Entre estos autores destacan José Ruibal, Francisco Nieva o Fernando Arrabal. También en las décadas de 1960 y 1970 se produce la aparición de los grupos independientes, con fórmulas de creación colectiva. Estos grupos surgen con una vocación de resistencia antifranquista y una actitud de búsqueda en cuanto a concepciones escénicas y técnicas interpretativas. Algunos autores y obras: Buero Vallejo: En la ardiente oscuridad; El concierto de San Ovidio; El tragaluz; Diálogo secreto; Lázaro en el laberinto; Música cercana; Un soñador para un pueblo; Las meninas; El sueño de la razón; La detonación. Alfonso Sastre: Escuadra hacia la muerte; Manifiesto por un teatro de agitación social; Uranio 235; Cargamento de sueños; El cubo de la basura; Escuadra hacia la muerte; La mordaza; Guillermo Tell tiene los ojos tristes; En la red; La cornada; La sangre y la ceniza; El banquete; El camarada oscuro; Ahola es de leíl. Lauro Olmo: Doce cuentos y uno más; Ayer, 27 de octubre; La camisa; La pechuga de la sardina; La condecoración; El cuerpo; English Spoken; El cuarto poder; Pablo Iglesias; La jerga nacional; El gran sapo; La maquinita que no quería pitar; Asamblea general; La muñeca abandonada. José Ruibal: La ciencia del birlibirloque; Los mendigos; El asno; Su majestad la sota; El hombre y la mosca; La máquina de pedir; Otra vez las avestruces; Teatro sobre teatro; Los mutantes; La secretaria; El superagente. Francisco Nieva: Malditas sean Coronada y sus hijas; El rayo colgado; Tórtolas, crepúsculo… y telón; El corazón acelerado; El maravilloso catarro de Lord Bashaville; La señora tártara; Funeral y pasacalle; El combate de Ópalos y Tasia; La Pascua negra; El fandango asombroso; El aquelarre del Pitiflauti; Pelo de tormenta. Fernando Arrabal: Los hombres del triciclo; Pic-Nic; El triciclo; El laberinto; El cementerio de automóviles; El arquitecto y el emperador de Asiria; Oye, patria, mi aflicción; Baal, Babilonia; Carta a los militantes comunistas españoles; Carta a Fidel Castro; La Virgen roja; Carta al Rey de España.