Iñigo Balboa, alistado como mochilero del capitán Alatriste, al caminar hacia un encuentro con su amo, recordaba algunas
de sus anécdotas desde que conociera al capitán. Hasta Iñigo encontró a Diego Alatriste con sus compañeros de batalla en una casa familiar flamenca en los alrededores de Flandes.
Al día siguiente todo el tercio de Cartagena, donde estaba el capitán Alatriste, se preparaba para la llegada a Breda de un enorme ejército de Mauricio de Nassau que iba en auxilio de la ciudad. Pero los
soldados, que
llevaban sin cobrar bastantes meses, se amotinaron contra los jefes, no sólo por el dinero sino por la injusticia de ahorcar, por orden de Jiñalasoga, a dos soldados indisciplinados que habían pedido morir de forma menos deshonrosa. Después de tres días de negociación, todos se pusieron de acuerdo y los oficiales pagaron a los soldados. Todos lo celebraron y en medio de la celebración hubo un altercado entre un borracho e Iñigo por un asunto de mujeres, pero Alatriste lo zanjó de forma definitiva.
En mitad de la noche del mismo día, aprovechando “las aguas revueltas del motín” el enemigo atacó. Todo el tercio fue en dirección del enemigo, pasaron por un molino para prepararlo como puesto de mando, avanzaron un poco más y avistaron al enemigo.
El tercio peleó desde el amanecer hasta el final de la tarde. Los
holandeses acabaron huyendo y todos cansados se sentaron. Iñigo oyó un gemido y lo siguió. Acabó en una casa en llamas y, dentro, un holandés gravemente herido que estaba encogido. Fue a pedir ayuda a su amo éste lo mató por misericordia, lo que hizo que Iñigo reflexionara.
Estuvieron mucho tiempo en la trinchera alrededor de Breda. Un día descubrieron que los holandeses hacían un agujero para llegar a su trinchera,
y deciden ir por el agujero que ellos estaban preparando, para pararles el camino.
Los herejes desafiaron los españoles a un duelo de cinco contra cinco, con espada y pistola. Llamaron al capitán, pero éste se negó rotundamente, muchos dijeron que era una deshonra que no fuese, pero todos le conocían y tendría sus motivos.
Descubrieron que los holandeses construían una presa en el río al lado para inundar la trinchera española. En una noche salieron en una encamisada 44 hombres para destruirla, el capitán Alatriste estaba entre ellos. Iñigo esperó a los soldados con Jaime, un mochilero amigo suyo, a medio camino de la presa. Al día siguiente, Iñigo recibe una carta de su amada Angélica, lo que le hace pensar en volver a España.
Después de bastante tiempo los ingleses atacaron con un ejército mayor que el católico, pero, después de una larga batalla, los españoles, con la participación de Iñigo Balboa y Jaime, consiguen vencer a los herejes que huyeron desesperadamente. Iñigo Balboa estaba desesperado al ver al capitán Alatriste malherido, buscando un buen lugar donde morir, le siguió a través
de los ingleses, con sus camaradas, porque iban a caer todos de cualquier manera, y les habría avergonzado dejarle ir solo.