Eco, Umberto: “La estrategia de la ilusión”. Editorial Lumen, Barcelona, 1986.
Este libro está constituido por una serie
de ensayos muchos de los cuales son artículos periodísticos aparecidos en medios diferentes y escritos por el autor a lo largo de los años. Su título original “Semiologia quottidiana” nos da tal vez una idea más aproximada de su contenido, ya que son observaciones directas de la realidad recogidas por la mirada crítica de este observador perspicaz y comentadas por él en su habitual lenguaje salpicado de humor, pero que no deja de expresar con acidez ni la desaprobación ni el desencanto.
El método que se utiliza para la elaboración de este tipo de discursos es bastante diferente al de los textos teóricos de los que este autor ha producido varios. Mientras que en éstos se formulan hipótesis que luego deberán ser probadas en relación a los hechos a los que se trata de interpretar, en este tipo de discursos que estamos comentando a propósito de este libro se avanzan ágilmente una serie de hipótesis nacidas de la observación “en caliente” de los hechos, al ritmo mismo del acontecer cotidiano, y son propuestas a la consideración del público a la espera de una respuesta reactiva que a su vez constituirá un estímulo para quien escribe y le servirá para confirmar o desechar su primera posición.
Del mismo modo se procede cuando, a lo largo de años de enseñanza, un profesor va estableciendo un diálogo con sus estudiantes que fructificará más tarde en un libro teórico de larga elaboración. Eco manifiesta siempre su profunda vocación docente al proponernos en cada uno de sus escritos ejercitar la mirada crítica ante todos los hechos, ya que él considera ese tipo de mirada como la única posible para un intelectual. A veces explícitamente y en otros casos no tanto, nos va mostrando los entretelones de su propio discurso, los razonamientos que constituyen su estructura, y así siempre deja una enseñanza
Un recurso didáctico muy eficaz es el de la
comparación, y desde el comienzo de este libro comprobamos que no hay nada mejor para analizar la cultura actual norteamericana que confrontarla con las observaciones hechas sobre ella por un comentarista europeo, y más aún si éste tiene el “olfato semiológico” de Umberto Eco.
El desarrollo tecnológico como uno de los valores de culto de la cultura norteamericana, como la técnica de representación del holograma, permite realizar reproducciones más reales que lo real, que aparecen en los museos junto a los originales y no dejan lugar a ningún tipo de reflexión y elaboración por parte de los espectadores. Paralelamente a esta actitud con respecto a los objetos, el autor advierte la obsesiva afición de este pueblo por recordar la totalidad del pasado, que lleva a una presentación del recuerdo actualizándolo de tal modo que llega al anacronismo. (No podemos dejar de pensar ante estas observaciones en las superproducciones holliwoodenses de célebres películas históricas). Este tema de la
reproducción facilitada por la tecnología es revisitado a menudo en estos artículos y da lugar a nuevas reflexiones, como por ejemplo en “Falsificación y consenso”, donde se denuncian hechos aún no resueltos o resueltos sólo parcialmente y no pueden sino ser de cierta manera tolerados, como lo son las fotocopias de libros o las llamadas telefónicas realizadas a expensas de las multinacionales. Pero esto no puede ser simplemente presentado como un hecho inevitable y por supuesto Umberto Eco no renuncia a dejar explícita su posición y a señalar la injusticia que eso representa para un sector determinado, o, en el caso en que aquellas actitudes hayan sido justificadas como una “reparación” por quienes las llevan a cabo, a indicar su ineficacia y carencia de sentido.
Hemos conocido, a un Umberto Eco para quien la Edad Media es un período de la historia cultural particularmente consubstancial. En este libro se publica un ensayo suyo de 1972 en el que se formula el interrogante de si “vamos al encuentro de una próxima Edad Media”. Allí se plantea un paralelo de nuestra actualidad con diversas etapas de aquel período con el que no sólo revela rasgos afines y contradictorios, sino que mediante un análisis del proceso de formación de aquella cultura, examina una sucesión de hechos del siglo XX que parecerían confirmar aquella tesis: el sentimiento apocalíptico de los fines de milenio, la crisis de la pax americana que recuerda a la de la pax del Imperio Romano, la vietnamización del territorio y su correlato en la desintegración política que llevó al feudalismo, conflictos que se producen en nuestras universidades que recuerdan a otras parecidas en la época medieval, que Eco revive a partir de antiguos testimonios, etc. Como el autor aclara, aquella edad remota tuvo algunos momentos “oscuros”, pero- sobre todo a partir del año 1000 con el resurgimiento de la vida urbana, la creación de las universidades y el desarrollo de la filosofía escolástica- representó la base sin la cual no podría haberse dado el Renacimiento.
También podríamos suponer para nosotros un futuro promisorio, pero es innegable en nuestra época su carácter de transición permanente y la conclusión de Eco no carece de cierto ácido humor, al recordar la antigua maldición china: “Así vivas en una época interesante”. Éste es un ejemplo de los muchos que contiene el libro de la riqueza motivadora que ofrece el autor en cada uno de sus escritos para el “público en general”.