Siguiendo los pasos de Gogol y su
Diario de un loco, Turguenev traza una curiosa personalidad de ciudadano ruso que no es capaz de encontrar su sitio en la vida. Sabiéndose
con apenas unas
semanas de vida, al aristócrata emprobrecido Chulkaturin no se le ocurre otra cosa que iniciar un diario, aunque la escritura deriva enseguida a la narración de un lejano episodio que marcó su vida, su enamoramiento de Liza, una dama que conoció en una de sus estancias en la ciudad. Cuando está a punto de declararle su amor con bastantes esperanzas de ser correspondido, aparece por la mansión un príncipe peterburgués,
militar y seductor, del que ella se enamora. El príncipe también parece muy interesado por ella, lo que provoca que Chulkaturin, celoso aunque utilizando un pretexto, le rete a duelo. En el duelo, Chulkaturin tira primero y falla, y el otro da por concluida la lucha con una magnanimidad que a Chulkaturin le deja indignado. Semanas después, cuando todos esperaban que el príncipe pidiera la
mano de Liza, el militar se marcha de la ciudad, abandonándola. Chulkaturin cree llegada su oportunidad y se dispone a “perdonar” a
Liza y pedirle la mano, pero la encuentra hablando mal de él con un oscuro funcionario que había servido de padrino en el duelo, y con el que decidirá casarse aún sin dejar de pensar en el militar.
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