Es una obra emparentada con los libros de viajes, ya que su estructura responde al esquema de un cuaderno o libro de notas
de viaje, en el que el autor apunta día a día lo sentido, lo que va viendo y viviendo. Así se puede apreciar en las 5 partes en que se divide la obra: una trayectoria idéntica de ida-estancia-vuelta.
Pero también conecta con la literatura confesional de los “diarios”, un género auge en la España de aquel tiempo. El carácter de diario se anuncia con precisiones de fecha, lugar y, a veces, hora del día, a la cabeza de cada poema. El hilo conductor del diario es el puramente cronológico, el que va imponiendo el ritmo del paso del tiempo día tras día. El Diario fue escrito entre enero y julio de 1916.
Al fundirse los dos géneros, la perspectiva que se nos presenta es la de un viaje interior. Es decir, es un continuo recorrido por el alma interior del poeta (sus experiencias íntimas, sus impresiones), un preguntarse por la realidad profunda de las cosas que se muestran ante sus ojos, “la realidad de su alma ante esas cosas”. (De ahí, precisamente, procede la dificultad que el lector encuentra para entender el libro).
Hay, a lo largo de la obra, impresiones de viaje registradas desde el tren, el barco, la calle, la cama, y desde lo alto de los edificios y monumentos. Hay hermosos
paisajes verdes y floridos de Andalucía, paisajes marinos de absoluta desolación, e impresionantes paisajes urbanos de Nueva York. Se expresa interés y emoción ante la belleza de los monumentos arquitectónicos: la Giralda de Sevilla, el obelisco de Washington, el Woolworth Building de Nueva York, que era el edificio más alto del mundo en aquella época. Se pintan paisajes líricos inspirados por la naturaleza (un árbol, una flor, un pájaro), en los campos de Moguer, o en los parques y cementerios de Nueva York. No falta tampoco ironía, locura, y crítica social provocada por las fealdades y pesadillas de la ciudad comercial. (etapa norteamericana)
Hay poemas de amor y alegría, como también poemas de duda, miedo y angustia. Hay diálogos, conversaciones, monólogos interiores y visiones oníricas. También se pone de manifiesto la intensa vida social cultural de Juan Ramón y Zenobia con sus visitas a museos, centros culturales, bibliotecas, y asistencia a teatros, conciertos y recitales, visitas a casas de grandes escritores - Mark Twain, Edgar Allan Poe, Walt Whitman-. Esto se concreta en referencias literarias, referencias a pinturas; nombres, citas, versos, y traducciones de poemas de escritores ingleses y norteamericanos a los que admira; poemas escritos en homenaje a sus distinguidos colegas y amigos. También se incorporan trozos de poesía española medieval, romances populares, versos de Rubén Darío. Transcripciones de
anuncios comerciales y anuncios de la iglesia protestante.
Pero no hay duda de que el
Diario es una obra excepcional