La familia Boulton provenía de un comerciante de Liverpool, que emigró a mediados
del siglo diecinueve
con su tremenda ambición como única fortuna, y se hizo rico con una flotilla de barcos de carga en el país más austral y lejano del mundo. Eran miembros prominentes de la colonia británica. Gilberto, Filomena y Miguel nacieron en el apogeo de la fortuna de los Boulton. Cuando envejecieron Gilberto se convirtió en poeta, Filomena, ya abuela, se dedicaba a hacer chalecos de lana y Miguel era sacerdote. Él era un hombre afortunado y muy voluntario y siempre iba acompañado de su chofer Sebastián Canuto, alias El Cuchillo. Miguel no veía bien y éste se convirtió en su guarda espaldas.
El día de su cumpleaños, Miguel, estaba dando un sermón cuando de repente se quedó sin vista. El Cuchillo lo llevó a casa con Filomena y Gilberto, pero decidieron llevarlo
al hospital. Iban hacia la Clínica del Área Sur, una donde atendían a los pobres, ya que el sacerdote no quería ir a otro, pero Filomena le dio instrucciones al chofer y lo llevaron a la Clínica Alemana. Ahí les dijeron que en el único sitio que le podían curar era en el Hospital Militar. Solo un
milagro podía salvar su ojo izquierdo, ya que el
derecho no tenía remedio. Entonces fueron a la Gruta de Juana de los lirios, que era una estatua que solía hacer milagros. Al día siguiente lo operaron. Estuvo en recuperación 50 horas cuando de repente podía ver por su ojo derecho y también por el izquierdo. El medico no se lo creía. Todo fue un milagro.
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