Lectora voraz y autodidacta, Bertha Koessler-Ilg, nacida en 1881 en la vieja Baviera, seguramente no imaginaba durante su
juventud en Alemania y Malta que iba a convertirse en la descubridora y guardiana de un tesoro situado exactamente en el revés del planeta. Casada en 1912 con el médico Rodolfo Koessler, acompañó a su marido a la Argentina. En 1920 el matrimonio se instaló en San Martín de los Andes, donde Koessler ejerció la medicina a la manera antigua: muchas veces más como filántropo que como mero profesional. Sus numerosos pacientes mapuches fueron el primer puente establecido por su esposa -también enfermera- con un mundo cultural del que pronto se sintió custodia y depositaria. Añadió el mapuche a los otros seis idiomas que ya poseía y convenció a los viejos caciques de la necesidad de preservar, mediante la escritura, una riquísima tradición mítico-religiosa y literaria que corría el riesgo de desaparecer. Su mayor satisfacción -según afirma en el prólogo de su obra- fue haber superado las barreras étnicas y culturales, hasta ganarse los títulos afectivos de "nieta" y de mapuche blanca. Los tres volúmenes que componen esta obra de consulta fundamental tuvieron ciertamente un destino azaroso. Después de muchos años de empeño personal de la autora, el primero llegó a ser publicado en vida de Bertha Koessler por la Universidad de La Plata, en 1962. Pero luego de su muerte, en 1965, ninguna editorial volvió a interesarse en el tema. Años más tarde, los nietos de Bertha, con la ayuda de la profesora Ana Monner Sans de Socas, lograron localizar los originales mecanografiados de los otros dos volúmenes en un sótano de la universidad platense. Gracias al antropólogo chileno Rolf Foerster González, a su traductora Lieselotte Schwarzemberg, y a la editorial hispano-chilena Mare Nostrum, el mundo de habla castellana puede tener hoy acceso a un patrimonio cultural que amerita ser conocido por toda la humanidad. El primer tomo,
Tradiciones , se compone de las partes "Canciones", "Rezos", "Prácticas mágicas", "Adivinanzas", "Juegos Infantiles" y "Sucedidos y tradiciones". Una pieza extraordinaria es la "Canción de Adiós a la vida" del jefe Kurrüpillañ, que narra el coraje del gran guerrero mapuche condenado a muerte junto con otros jefes por su captor cristiano; tanto es su valor y tan potente y emotivo su canto que finalmente el enemigo los deja partir indemnes. En el último rubro, Koessler incluye las narraciones de hechos acaecidos al mismo narrador o a alguien cercano (sucedidos), así como relatos sobre héroes del pasado, y otros sobre el Incario durante la época de la Conquista (tradiciones). El volumen II se ocupa de mitos y leyendas. Aquí la compiladora agrupa todo lo que es para el pueblo mapuche "historia sagrada"; llama "leyendas" a los relatos cuyos
protagonistas son seres humanos, aunque intervenga el mundo sobrenatural, y "mitos" propiamente dichos, a aquellos cuyos protagonistas son seres sobrehumanos. Muchas de estas narraciones son etiológicas: explican los orígenes de seres y cosas existentes. No faltan historias de sirenas lacustres, de guerreros de piedra, gigantes, cabezas voladoras o árboles ambulantes, todas de gran sugestión. El último tomo, Cuentos y fábulas , incluye relatos que, aun manteniendo muchas veces los mismos protagonistas sobrenaturales que los del tomo anterior, no poseen el estatuto de "historia sagrada" o "cuerpo de creencias", y su intención es lúdica o didáctica. Reserva el nombre de fábulas para los que tienen protagonistas del reino animal, e incluso vegetal. Numerosas notas enriquecen los tres tomos, así como un glosario de voces mapuches, bibliografía, iconografía y apéndices. Entre tantas otras cosas, esta edición permitirá dar a conocer a un público más amplio que el especializado las comunes raíces culturales aborígenes que compartimos argentinos y chilenos.
Donanfer