Nuestra excelente escritora cordobesa vuelve a deleitarnos con una
historia bien especiada en lo testimonial, abarcada en
una época muy cruda para la Argentina convulsionada, post-independencia de España y donde se desatan pasiones de toda índole, pues no falta el amor sincero, el leal, el advenedizo, el escondido y así como tan noble sentimiento se van liando a lo largo de los instantes cruciales entre Laura, la protagonista central, el comandante Farrell, su padrino y amor imposible, un francés de oscuras raíces, Hubert De Bracy, que busca cimentar su ambición en la alta sociedad de Córdoba a través de un matrimonio ventajoso y está Robertson, un escocés amigo de Farrell, que se enamora de la joven sin demostrarlo y sin saber nada de los sentimientos que afloran en tan oscuros
tiempos. Y son tan negros que ocurre el asesinato que torcerá el destino de toda una nación, el de Facundo Quiroga, un caudillo de provincia que le ponía coto a Juan Manuel de Rosas y que con su desaparición, todo el país se sumergió en la incertidumbre al extender el restaurador su poder desde Buenos Aires hacia el resto de las provincias. Desde su mundo, Laura Osorio ve pasar la trama histórica que afecta muy de cerca a su familia y a lo que siente por los hombres que la rodean, envueltos todos ellos con la política tan alterada en ese entonces por la puja entre unitarios y federales. Una novela vibrante, que tiene la delicia de describir un pasado auténtico que muestra una
historia viva y hasta desconocida por muchos. Un ejemplar más de la saga de los Osorio que tan admirablemente nos dosifica Cristina Bajo.