Cuando dos formas de vida se encuentran en un
lugar determinado, pueden suceder muchas cosas tan distintas como imposibles de imaginar. Una sociedad tan cerrada como la de los tuaregs
del Sahara puede
dar pautas contradictorias, como que son hospitalarios a un nivel difícil de superar, el honor de la palabra vale por el alma misma y los códigos no escritos del pueblo se mantienen inalterables y respetados por cada uno de sus conocedores a lo largo de los siglos. Es así que Gacel, un noble entre los suyos, afronta situaciones que no se condicen
con su forma de vida
al entreverarse con extranjeros que no concen cómo vive el desierto, que no es
solamente arena y simún, sino un mar de seres que subsisten apreciando lo mínimo que se les brinda. Una prisión en medio del lugar más caliente del planeta no solamente guarda a criminales convictos, están otros que por razones políticas van a para allí a modo de olvido, sólo que Gacel no olvida sus códigos y debe enfrentar al mismo ejército para salvar su honor y llevar al hombre que fue su huésped a salvo de los que lo quieren muerto y sepultado. El conocimiento de su territorio lo lleva a triunfar en su emprendimiento, liberando a su protegido en la frontera para que pueda huir, para darse luego con que todo lo que él tenía como patria, su familia y sus pocas posesiones mundanales son utilizadas para torcerle el brazo y vencerlo. como respuesta, él va a la capital a dar con quien lo quiere someter y así meterle una bala en la cabeza. Una atrayente novela sobre los hijos del
desierto que fue llevada al cine décadas atrás. Recomendada.
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