Ana de Cleves, Cuarta Esposa de Enrique VII
A pesar de la profunda pena que embargaba al rey Enrique a causa de
la muerte de. su esposa Juana, decidió, por ser conveniente para sus fines políticos, contraer nuevo
matrimonio con alguna candidata que lo aliara con el Sacro Imperio Romano Germánico que, liderado por el Emperador Carlos era entonces la mayor potencia mundial. Entre las que le presentaron como posibles desposadas se hallaba la flamenca Ana de Cleves, (1515-.1557) princesa de importante familia de religión protestante luterana, lo que también favorecería la posición de Enrique en Inglaterra, como jefe de la Iglesia Anglicana creada por él. Y para consolidar aún más esa posición pensó en pactar el matrimonio del recién nacido Eduardo con una hermana de Ana, intención que resulté frustrada. Pero para satisfacer no sólo al rey sino también al hombre, deseé conocer el aspecto de la que sería su cuarta esposa, la joven Ana, y por ello, tras el pacto de alianza, envió a la
corte germana al pintor Hans Holbeín, para que realizara un retrato de su prometida. Así lo hizo el gran pintor, pero, quizá por temor de desagradar a! rey. realizó un retrato tan retocado de la futura reina, que el rey pudo aprobarla y aun ilusionarse con su nueva posesión conyugal. Pero cuando conoció personalmente a Ana de Cleves, no pudo menos que manifestar su desagrado. Ana era realmente fea, sobre todo según los cánones de la época: era alta y corpulenta, y su rostro poco agraciado mostraba además marcas de picaduras de viruela. Además era poco apta para sostener los diálogos ingeniosos de una corte renacentista, dirigidos muchas veces por el mismo rey, que escribía versos, creaba canciones y gustaba de la lectura, todo lo cual era ajeno a los gustos de Ana, la cual, además, apenas hablaba inglés. Aunque quizá pensara en negarse al casamiento, no podía hacerlo por los altos intereses políticos y económicos que la novia representaba, por lo cual, en 1 540, se realizó la boda y Ana de Cleves pasó a ser ¡a cuarta esposa de Enrique VIII. Aunque su familia era luterana, Ana había permanecido siendo católica conservadora, por lo que entabló una buena relación con la princesa María y aun parece que, corno amiga, no se llevaba mal con el rey. Con todo, su suerte ya estaba echada: Enrique había puesto su atención en una damita que formaba, qué coincidencia!. parte del séquito de damas de honor de su reciente esposa, la bella joven Catalina Howard. Así, ese matrimonio estaba destinado a no durar y no duró. Consiguió Enrique que la fea flamenca, quizá temerosa de correr la suerte de la otra Ana, la Bolena, consintiera en divorciarse, apenas transcurridos unos meses desde el día de la boda. Eso si. recibiría en compensación una importante renta vitalicia que le permitiría proseguir residiendo en la corte inglesa como dilecta amiga del rey y de la princesa María, pudiendo mantenerse de acuerdo con su alto rango. Algunos historiadores sostienen que el matrimonio de Enrique y Ana no fue consumado, por el desagrado físico que la flamenca producía al rey; otros dicen que la separación se produjo porque Enrique no había obtenido los favores de Ana, que estaba enamorada de otro hombre, y la deseaba tanto que le ofreció desposarla para poder hacerla suya, pero lo cierto es que Ana accedió buenamente a abdicar el reinado inglés en el que se vio pronto suplantada por su dama de honor. Este cuarto matrimonio del rey Enrique VIII semejó un paso de comedia.
Donanfer