Un día descubrí lo especial que tiene una
mujer. Fue de repente
creo que era adolescente, cuando observe la conducta de una mama
con su pequeño
hijo. El amor, la atención y la profunda entrega que desplegaba para con su hijo era digno de admirar. Después pasados los años y ya siendo adulto todavía recuerdo esa escena, y pienso que el amor de una mujer cuando es mama es muy grande. Es como el cielo, que lo abarca todo sin fijarse en la tierra que cobija. No espera nada, todo es entrega y sacrifico. Es tan bonito que estoy convencido que dios sonríe cada vez que una
madre esta con su hijo. A la mujer la admiro. La mayoría de ellas enfrenta cualquier obstáculo, y por más difícil que éste sea siempre sale triunfando.
Pueden estar en la
peor condición humana posible, sufriendo maltratos, enfermedad o la peor de la pobreza. Pero a pesar de todo esto, se levantan muy temprano a la jornada laboral de cada día, con el firme propósito de que sus
hijos tengan una vida menos difícil. Y es que en la mente de una buena madre no hay otro motivo sino el bienestar de sus hijos. Darles una oportunidad de muchas de lograr pasar la prueba que la vida nos impone. El trabajo estará bien hecho cuando vean a sus hijos crecer y desarrollarse sanamente. Y cuando dios envié los regalos más esperados: los nietos. Ya podrá darse el lujo de decir - ¡he cumplido con ellos, mis hijos adorados¡
Pensándolo bien creo que dios nos envía a todos los seres humanos el mejor ángel guardián: nuestra madre.
Publicado el: noviembre 18, 2007
Más sinopsis sobre La mujer. Un ángel de carne viva.