Esta novela, la primera de Scott Fiztgerald, escrita
con sólo 23 años, tuvo un éxito fulminante en su época y se convirtió en estandarte de la generación americana de los años veinte, aunque hoy en día haya perdido mucho de su encanto y no sea generalmente preferida a otras de las famosas obras de este autor. Narra la adolescencia y primera juventud de Amory Blaine y cómo se va distanciando económica, vital e ideológicamente de la
clase alta en la que nació hasta llegar a coquetear (sólo estética y teóricamente) con las ideas socialistas que estaban triunfando en Rusia.
La novela se vale tanto de la narración convencional como de diálogos con acotaciones teatrales, poemas, cartas y otros
recursos originales (como pequeños títulos intercalados en cada capítulo que crean lo que podría llamarse subcapítulos). La primera parte narra la estancia de Amory en colegios de clase alta y en la
universidad de Princeton, sus conversaciones con otros muchachos como él y con un pariente clérigo, y su romance de idealista con la joven Beatrice, que le
abandona y poco después muere. Scott Fiztgerald recalca en su narración el nuevo rol de la mujer de clase alta, por primera vez autoeducada para el sexo y la amistad antes que para el matrimonio.
Fuera de la universidad, fallecido su padre y perdido lo esencial de su fortuna, Amory participa con más clase que
dinero entre el sector juvenil de la buena sociedad y se enamora de la bella y caprichosa Rosalind, que le abandona por su
falta de recursos para ir a casarse “con un montón de dinero”, como ella misma dice. Amory tiene una tercera novia, Eleanor, con la que el romance se agota enseguida por mutua falta de interés. Amory se preocupa ahora de como salir adelante en la vida, puesto que se considera a sí mismo un inútil. Además, por hacer un favor a unos amigos, se ha visto involucrado en un escándalo sexual en una habitación de un hotel, con lo que a su ruina económica añade la de su prestigio social. “El socialismo puede que no sea el progreso, pero la amenaza de la bandera roja es lo único que inspira las reformas”, dice en el último capítulo, a un par de patriotas conservadores que le recogen en la carretera, cuando decide emprender un viaje sin saber exactamente con qué propósito.
Publicado el: noviembre 16, 2007
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