¿Quién no ha soñado alguna vez ser joven eternamente? Ciertamente muchos se han afanado por encontrar la forma de
no envejecer. De acuerdo a la Biblia fuimos creados para no envejecer ni morir, pero todo eso se perdió con la caída de la primera pareja. Desde entonces parace ser que esa búsqueda no ha finalizado. Hoy día se invierten billones de dólares en investigaciones que permitan descubrir productos que eviten el envejecimiento.
Es trágico que nuestras mentes permanezcan tan claras a los cien años y nuestros cuerpos
estén al borde de la
muerte. No hay razón para envejecer, pues cada día nuestras células se renuevan.
El afán por encontrar la fuente de la
juventud ha atrapado a muchos, entre ellos a Juan Ponce de León, quien perdió su vida mientras buscaba dicha fuente en la Florida. Es absurdo y tanto creer que ser joven siempre sería la gran cosa. Hay miles de viejos que disfrutan de una vida llena de plenitud, de alegría, de fe, de esperanza, mientras hay millones de jóvenes infelices perdidos en los vicios. Ser joven o ser viejo no garantiza la felicidad.
En este cuento japonés se nos presenta la historia de una hermosa pareja de ancianos.
Ellos vivían en una isla en la cual se prohibía motir. Cuando la persona estaba enferma y al borde de la muerte lo echaban de la isla a la otra orilla del río.
Si una persona de otro lugar estaba a la puerta de la muerte, pero no sufría de enfermedad alguna era enviado a esta isla.
Yoshiba y su esposa, Fumi eran dos ancianos muy felices y queridos en la isla. Eran venerados por sus cualidades. Habían perdido a sus tres hijos durante un huracán y desde entonces pasaban las horas llorando y sufriendo la pérdida de sus hijos, aunque en público fingían ser felices. Ellos deseaban vivir para siempre, ya que no sabían que harían si faltaba uno de ellos.
Un día Yoshiba regresó al bosque donde había trabajado durante 50 años. Mientras observaba el bosque pudo descubrir una fuente de aguas cristalinas que nunca había visto. Yoshiba metió su mano en el chorro cristalino y mojó su mano. La pasó por su boca y sintió algo extraño. Decidió entrar un poco y al mirarse en el fondo vio que su rostro no tenía arrugas y su cabello era largo y hermoso.
Emocionado corrió a su casa y le contó a su esposa. Ella se fue a la fuente. Yoshiba la esperaba en su choza. Calculó como dos horas de camino. Pero pasaban las horas y Fumi no regresaba. Así que decidió ir en su búsqueda. Al llegar al manantial no vio a su esposa, la buscó y la buscó por todas partes. Al fin pudo escuchar un sonido. Buscó entre las hierbas y encontro a una pequeña criatura quien lo miraba, él pudo comprender que era su esposa Fumi. Esta en su afán de alcanzar la juventud tomó más agua y volvió a ser niña. Ahora Yoshiva, de ser el esposo ,se convirtió en el padre que debía cuidar a Fumi.