EL LÁPIZ Y E L PAPEL
Era una mañana como otras. Estaban encima del escritorio los útiles escolares preparándose para comenzar sus labores diarias. Estaban alegres y sonriendo, el papel, buscaba con la mirada al lápiz y no lo encontraba. En un rincón, alejado, lo encontró, triste y deprimido, con la mirada perdida en el cielo. Se acercó el papel, y le dijo, ¿Qué pasa amigo por qué esa tristeza?, el lápiz volteó y le contestó, es que hoy me he visto en el espejo, y me he visto demasiado pequeño, estoy casi a punto de desaparecer, los otros útiles no se achican, por qué yo sí. Cada día me veo más y más pequeño. El papel le dijo, es que tu labor es diferente, tú dejas tu sangre impregnada en mí, los otros simplemente ayudan, pero tu labor es más importante que la de los demás, los que vienen atrás leerán lo que tú has escrito o has dibujado en mí. Los otros pasarán y nadie se acordará de ellos, en cambio nosotros, sí seremos útiles mañana mas tarde. Anda, seca tus lágrimas, y ven a jugar con nosotros. Pero estoy tan pequeño, que casi no tengo fuerzas para jugar. Pero pensándolo bien, tienes razón, haré algo mejor. El lápiz se paró, y caminando hacia el papel, le dijo, ven, haremos algo que llamará la atención. Si tú dices que mañana mas tarde nos leeran, entonces que lean algo bonito, para que nos recuerden con cariño. El lápiz, caminando y ayudado por su gran amigo, el papel, se dirigió hacia el centro del escritorio, ante la mirada curiosa de los demás. Sí tenían razón, comentaban, está demasiado pequeño, qué irá a hacer, seguramente lo de todos los días, alguna que otra tarea o garabato, en fín, sigamos jugando.
El lápiz fué acomodado por su amigo, el papel, y mirándolo a los ojos, le dijo, sí que se acordarán de mí. Comenzó a escribir, y a realizar algunos trazos, el papel lo miraba asombrado por lo que veía; los demás útiles al darse cuenta, se acercaron, y miraban maravillados lo que el lápiz hacía. El lápiz, con las últimas fuerzas que le quedaban, terminó y mirando al cielo, cerró sus ojos, como despidiéndose, ya casi no se notaba su tamaño. Había escrito un poema, con los versos más hermosos y un paisaje que la realidad misma le envidiaría. Era algo pero muy, muy hermoso, su experiencia la había volcado en su obra, sus amigos con lágrimas en los ojos lo miraron, admirándolo por lo que había hecho. El papel, dijo, hay algunos que pasan por la vida y ni se les nota, en cambio hay otros que dejan una huella muy profunda, y llena de enseñanza para los que vienen atrás. Adios amigo, adios.