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Shvoong Principal>Libros>Reseña de Abraham Sultán S. Francisco de Miranda

Abraham Sultán S. Francisco de Miranda

Reseña del Libro   por:samuelakinin     Autor : Samuel Akinin
ª
 
Contó una vez, lo hacía para que no lo olvidaran, porque ésa era una característica particular de él. El tiempo rendía de una manera que ahora al escribir me doy cuenta de que en ciudades modernas no se puede emular y es que él todo esto lo hacía a tempranas horas de la mañana y a las ocho en punto abría su tienda. Mi papá trabajaba todo el día, no salía ni para almorzar, era un hombre muy responsable, y nosotros sus hijos nos turnábamos al mediodía para llevarle la comida. Como la gran mayoría de sus amigos, en verano solía tomarse unas cervecitas y alternaba con ellos. Mi padre fue un hombre casero; siempre estaba con su familia y de haber algún acto o fiesta, iba acompañado de su esposa, con la que vivió un romance eterno. Mi padre era dadivoso y uno de sus grandes gustos era hacerle regalos a mi madre, se excedía en ellos; está claro que, al no haber detallado a mi madre, algunos no podrán entender el por qué. Mi madre era una mujer hermosa, tenía atributos que toda mujer ansía, y la fuerza del amor que los unió se denota hasta en la cantidad de hijos que tuvo. Fuimos nueve hermanos, tres hembras y seis varones; desgraciadamente uno de ellos murió en la niñez, por disentería. Esa era una época de gran atraso en lo referente a medicina. Mi madre parió todos sus hijos en la casa con la ayuda de una comadrona y la orden, que siempre se respetaba, era que debía permanecer cuarenta días en cama luego del parto, era una cuarentena que hoy no se puede entender. Como ya dije, éramos nueve hermanos: la mayor, mi hermana Alegría, fallecida en agosto de 2006 a la edad de 92 años, seguí yo; Raquel fue la tercera, mi compañera más asidua, mi amiga de siempre y con la que me comunico muy a menudo. Luego vino Enrique, a quien llamaban Semaya, como el abuelo. El también falleció. Más tarde vino Pepe, mi muy querido Pepe, tampoco ya con nosotros. Luego Nissim, quien está casado y tiene hijos y nietos. Sigue mi queridísima Mercedes, que es viuda y trabaja por su cuenta en una de mis tiendas, tiene 5 hijos. Por último está mi hermano Isaac quien recibió el mismo nombre de mi otro hermano fallecido. Mis padres, con gran visión y con un sentir familiar, jamás regatearon en la educación de sus hijos; por el contrario, siempre nos dieron los mejores colegios, los mejores vestidos, la mejor presencia y sobre todo un buen nombre, que nos abría todas las puertas. En mi caso particular, mi cabello me delataba de inmediato; en el de mis hermanas, ellas contaban con un privilegio muy especial pues mi madre era una gran costurera y se esmeraba para que mi padre, mis hermanos y mis hermanas y yo siempre fuésemos muy bien vestidos. Hablo de mis padres y me viene a la memoria mi abuela materna, mi querida abuela o como solíamos llamarla Mamá Simi. Ella me contó alguna vez que cuando tenía catorce años y estaba jugando con sus amigas a las muñecas, su madre la llamó y le dijo: «Báñate y vístete que te vas a casar».
Así sucedió y a su boda ella se llevó su muñeca, era todavía una niña. Mi abuelo materno era un hombre acaudalado, era banquero, lo que permitió que la familia de mamá siempre viviese bien y fuese reconocida como una de las pocas que no tenían escasez en ninguno de los malos tiempos que se pasaron entonces. Mis padres hablaban un fluido español, pero cuando no querían que alguno de los que estábamos supiese lo que hablaban, entonces se comunicaban en «Shelja», una mezcla de dialecto local y de árabe. Fue cómico, pues con el tiempo aprendimos la jerga y todos sabíamos sus secretos; ellos sólo tenían palabras dulces, sólo sabían expresarse bien de la gente, era poco o casi nada lo que los molestaba y no vivían del cuento ni del chisme, estaban muy claros en sus ideas y conocían sus prioridades, que sus hijos estuviesen educados con lo mejor. Hablé de mi Melilla la vieja. Ahora quiero tratar de plasmar mis recuerdos de la Melilla que me tocó vivir, de esa ciudad construida con un sentido de modernidad, de ambientes amplios, de jardines, de parques, iglesias, sinagogas, mezquitas, monumentos, avenidas, puerto, playas, mercado, en fin, una ciudad de avanzada realizada en una competencia de magnificencia entre los seis o siete grandes arquitectos que la diseñaron. Podría decir que es una gran ciudad por todo lo que posee, pero sé que me quedaría corto, ya que mi Melilla ha sido declarada como Ciudad Patrimonio Universal de la UNESCO. Cuando miramos en retrospectiva, ventaja que nos dan los años, podemos denotar cosas que en su momento no tenían importancia, pero que surgen de esa neblina que perdura en el tiempo y brilla con luz propia. Me refiero a Melilla, tomando en cuenta la cantidad de gente que ha nacido allí, la importancia universal que posee, los hechos patrióticos que sucedieron en sus suelos. Por ejemplo, en 1772, uno de los hombres más importantes durante la época de independencia de Venezuela, el General Francisco de Miranda, estuvo un tiempo en los cuarteles de Melilla; él, como General del Ejército de los Zares de Rusia y como Embajador del Gobierno Francés
Publicado el: 09 noviembre, 2007   
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  1. Responde   Pregunta  :    quienes fueron los abuelos de francisco de miranda Ve todo
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