Ciencia
experimental en el seno
emocional Nimiedades obscenas traídas de otros mundos,
ya no se sabe
cuántas son rotundos aprendices
en el seno de los comedores de lombrices.
Claves volubles y caprichosas que bailan
con la mayoría de las rosas ante el viento,
con ese acompasado movimiento.
Es el vals de las rosas marchitas,
¿las oyes sollozar por las esquinas?
Lúgubre baile en el que crujen
y resignadas se hacen trizas.
Polvo marchito al viento acaban siendo.
Melodías de solitarios pianos resuenan
entre oreja y oreja al mismo compás
y sin embargo me calman, si,
sin duda me hacen sentir en paz.
Desmadejo mi vida deshaciéndola
en pequeños jirones que entre mezclan
sonrisas y llantos a partes desiguales
haciendo que olvide todos mis males.
Aun así asomará primero el hueso del carnero
que en mi pozo algún lucero.