La
literatura urbana en Bolivia tiene larga tradición, aunque segmentada. La ciudad de La Paz es la que parece concentrar
la mayor parte de dicha tradición narrativa desde la última parte del siglo XX. Sin embargo, un gran pero que ha impedido ver a la
literatura urbana paceña desde los varios aspectos que la componen, ha sido la divergencia entre las estéticas existentes en la ciudad y que una gran parte de los escritores que han intentado narrarla ha ignorado alegremente. Entonces llegó Periférica Blvd., novela de Adolfo Cárdenas, escritor paceño. La novela quedó segunda en el Premio Nacional de Novela en 2005 y fue publicada por la editorial Gente Común de La Paz, Bolivia, al año siguiente.Periférica Blvd. no es solamente una historia de marginados, de policías y ladrones, de música y de libros, de las zonas chic y marginal de La Paz. Tampoco es un manifiesto del autor, en aras de una contraliteratura, a pesar de su posición personal que descree de quienes no la valoran. Lo primero que se puede decir de Periférica Blvd. es que es ilegible, porque exige, sin concesiones, que el lector se desprenda de convencionalismos en la lectura y en el lenguaje que lo constituyen como lector. Segundo, la poderosa habilidad de Cárdenas en la transcripción de la oralidad hacen de esta novela un libro irrepetible. Lector y devoto confeso de James Joyce, Adolfo Cárdenas utilizó el estudio realizado sobre la naturaleza, función y origen del lenguaje en Joyce, para volcarlo a la ciudad de La Paz y sus jergas, con su ilegibilidad, su aleatoriedad, su disociación de la historia, su círculo de privacidad y su futilidad final.Periférica Blvd. tiene un estatus radical porque —aquí la influencia de Joyce es innegable— se las ha ingeniado para borrar al autor como narrador aunque, al mismo tiempo, lo reafirma escandalosamente en una paradoja que se maneja matricialmente. Es un libro abierto, narrador de la cultura y de la experiencia paceñas; es cerrado, sin embargo, porque actúa dentro de un concepto de lo literario como una actividad especializada que confía, para su preservación e interpretación, en un cuadro de especialistas como Juan Carlos Orihuela, quien ha escrito refiriéndose al modelo original de la novela, Chojcho con audio de rock p’ssahdo: es la ilusión de la oralidad (la oralidad transcrita), la que protagoniza las acciones y teje la trama del relato en base a elocuciones que se suceden sin mediación alguna, lo que hace que el relato se construya exclusivamente en torno a las voces de los personajes (La ciudad periférica:1997).Para el ajeno a La Paz, con su área periurbana, donde habita la marginalidad, la novela será una novedad producto de una fértil inventiva joyceana, que compone palabras de sílabas combinadas, provocando nuevos sonidos y mayores significados; pero esto no es así. Adolfo Cárdenas se envuelve y nos envuelve en una serie extraordinariamente compleja de transcripciones que resultan, contrariamente a lo que hizo Joyce, finitas. Es que parte de un lenguaje original, para desembocar en otros, desde el clasemediero hasta el más marginal. Otro aspecto no menos cierto, es que una parte sustancial de la jerga es importada desde México, Argentina, Miami o Texas. El lingo miamicense, una vez privativo de los habitantes de clase media alta paceña, es heredado a los estratos más populares del norte de la ciudad, adoptando voces propias y plasmándolas en numerosas ocasiones, en el graffitti. He aquí la propuesta verdaderamente original de Cárdenas: la literatura debe responsabilizarse por el graffitti, que es “una de las formas más libres y anarquistas de comunicación; ilimitada por ser clandestina y anónima”. Esto es, también, lo que diferencia a Periférica Blvd. de otra obra de características de lenguaje tan inusuales: Finnegans Wake de Joyce. La novela irlandesa no parte de un lenguaje original como tampoco de un target para proveer el límite a las transacciones visuales y sonares que se negocian en el texto. Periférica Blvd. está escrita en castellano, pero no atenta contra el castellano. Se vierte en castellano y se convierte en el castellano. Cruza el espectro desde la onomatopeya —que en Joyce es la famosa “palabra” de cien letras—hasta el balbuceo poliglótico al que, claro, le faltará lucidez y estética. La novela, para el ajeno a La Paz, forzará a que se preste atención a una suerte de genealogía del vocabulario, porque intenta ser entendida desde ciertos referentes; esta intención, empero, la debilita por la intransigencia del autor en su afirmación de que si determinados lectores no entienden algunas voces, “esos lectores no están viviendo su ciudad adecuadamente.” Al sustraerse del canon lineal de la novela que, en todo caso, tampoco está ausente, Cárdenas nos da un libro difícil. Habrá quien se aburra de la adivinanza perpetua del lenguaje pero, entonces sí, ese lector será quien no entienda que el aburrimiento lo provoca la ausencia de un ímpetu narrativo pertinente al canon. Lo que sí está es una secuencia parecida a la de los sueños, donde el tiempo, las convenciones gramaticales y de trama son desconocidos, en el sentido de no haberse siquiera inventado, y en los que se producen las más asombrosas elaboraciones en torno a una obsesión central: la ciudad y sus jergas.Periférica Blvd. es una novela de grandes pretensiones. Abigarrada, babélica, difícil e ilegible, de rigor y, con seguridad, una de las diez mejores novelas bolivianas de todos los tiempos.