Vivencias sentidas, sentencias
vivas
Noches abrazadas a un cable negro y
ensortijado,
tiempo necesario pero insuficiente a tu lado.
Noches en las que tu eres el único lucero,
madrugadas en las que el rocío
trata de superar a tus ojos con esmero.
Noches en las que siento la necesidad de morderte,
abrazarte, en las que abriría caminos nunca recorridos
con mis labios como caminantes por tu piel interminable.
Madrugadas que sueñan con abrazos suaves de pantera,
que escuchan susurros robados a la luna llena
y me hacen bucear entre sabanas la noche entera.
Noches en las que siento lo que has vivido,
madrugadas en las que vivo lo que has sentido.
Tiempo ávida bestia que
consume...¿o es consumida?
Cada segundo arde violentamente después de su antecesor
cada latido contribuye a la postrera destrucción.
Cuenta atrás que borbotea en todo ser desde que nace.
Y dicen los que dicen que piensan, que piensan
que nacemos para consumirnos y que carpe diem... ¿en qué piensan?
EN ELLOS
Trocitos de egoísmo hasta para darse sentido a uno mismo
¿Como sabes la intensidad con la que ardió una llama o un alma, si llegaste una
vez apagada?
Por la manera en que cambió el entorno. Tomar todo lo mejor que la
realidad te ofrece sin aportarle nada en verdad, es contribuir a su destrucción.
Si no tienes nada que ofrecerle es que igual
no has tomado de ella nada de valor
o tu juicio esta tan nublado que no haces digna
valoración.
Aun así siempre hay cosas que ofrecer.
Al leer esto estas contribuyendo al avance de esa cuenta atrás
tu decides si la utilizarás en tu deuda con la realidad
CARPE VITAE
Grietas inquietas
Cosidos adosados a paredes fingidas,
cuernos rotos de estamparse contra otras vidas,
como insectos atrapados en telarañas casi aposta tejidas.
Amasando rabia y penas en vida
miles de bocas que a la vez gritan
buscando un escape a su tristeza cosida.
La oscuridad se relame acechando entre risas
mientras alaridos silenciosos escapan entre rendijas
colmando el aire de aullantes brisas.
Presión en un saco de dientes que rechinan
y que saben que aunque se partan y sangren tiza nadie se fija
en que los posos de la melancolía se clavan en sus encías.