El éxito en tu vida no depende solamente de la habilidad o el entrenamiento, también depende de la habilidad y la determinación de aprovechar las
oportunidades que se te presentan. Las oportunidades en la vida son el resultado de la creación, no del azar. Tú mismo has creado todas las oportunidades que surgen en tu camino, ahora o en el pasado (incluyendo vidas anteriores). Dado que te las has ganado, úsalas del modo más provechoso. Tú posees el poder del pensamiento y el de la
voluntad: utiliza al máximo estos dones divinos. Tu éxito o fracaso personales son el resultado de tu tendencia habitual de pensamientos. Tú eres el único responsable de ti mismo. No revises mentalmente un problema en forma constante. Déjalo reposar un poco y puede que se resuelva por sí solo. Utiliza estos períodos de descanso para ir profundamente hacia la región de calma de tu Ser interior. Al estar sintonizado con tu
alma, podrás pensar correctamente acerca de todo lo que haces. Dedica todo el poder de tu voluntad a perfeccionar una cosa por vez, no disperses tu energía, ni dejes una cosa inconclusa para emprender algo nuevo. La mente crea todo. Cuando eres capaz de utilizar tu voluntad continuamente con fines constructivos, puedes controlar tu destino. El
miedo agota la energía vital; es uno de los mayores enemigos del poder dinámico de la voluntad. Es como si los nervios mismos se paralizaran; la vitalidad de todo el cuerpo disminuye. El miedo no te ayuda a alejarte del objeto de tu miedo; sólo debilita tu fuerza de voluntad. El miedo provoca que el cerebro envíe un mensaje de inhibición a todos los órganos del cuerpo. Cuando la conciencia se mantiene en Dios, no tendrás miedos; atravesarás con valor y fe todos los obstáculos. Un "
deseo" es un anhelo sin energía. Luego, un deseo puede convertirse en "intención": el plan de hacer algo, lograr un deseo o un anhelo. Pero "voluntad" significa: "Yo actúo hasta obtener mi deseo". Cuando ejercitas el poder de tu voluntad, liberas el poder de la energía vital. La estación del fracaso es el mejor momento para sembrar las semillas del éxito. Deberías transferir tu atención del fracaso al éxito, de la preocupación a la calma, de las divagaciones mentales a la concentración, de la inquietud a la
paz y de la paz a la divina
felicidad interior. Los propios hábitos aceleran o demoran el éxito. Lo que controla tu vida no son tanto tus inspiraciones ocasionales o tus ideas brillantes, sino más bien tus hábitos mentales cotidianos. Los buenos hábitos de pensamiento te permiten atraer beneficios y oportunidades. Los malos, atraen hacia ti personas materialistas y entornos desfavorables. Debilita el mal hábito evitando todo lo que lo ocasiona o lo estimula, sin concentrarte en él en tu empeño por evitarlo. Sólo cuando descartas tus malos hábitos eres un hombre auténticamente libre. Hasta que seas un verdadero maestro -con dominio sobre ti mismo para hacer las cosas que deberías, aunque puedas no tener deseos de hacerlas- no eres un alma libre. En ese poder de auto-control reside la semilla de la eterna felicidad. El éxito se mide por la felicidad. Cuando pierdes la calma mental, has perdido el mayor tesoro. No aceptes cargar con el peso de las debilidades mentales y morales adquiridas en el pasado; quémalas en el fuego de tus divinas resoluciones y actividades correctas del presente. A través de esta actitud constructiva alcanzarás la libertad. Si posees felicidad lo posees todo; estar feliz es estar sintonizado con Dios. Ese poder de la felicidad viene a través de la meditación.
Publicado el: octubre 24, 2007
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