Los Renovados Secretos de la
Gioconda Por siglos, la "Mona Lisa" ha seducido a aficionados del arte incapaces de resistir
conjeturas sobre sus orígenes y significado. Ahora un inventor francés alega tener algunas respuestas, incluyendo la suerte de las cejas y
pestañas famosamente ausentes del enigmático cuatro. Pruebas ultradetalladas realizadas con escáner digital le permitieron cavar efectivamente a través de las capas de pintura para "ver" el pasado el retrato que Leonardo Da Vinci hizo en el siglo XVI a la esposa de un comerciante florentino. El cuadro más famoso del mundo sí incluía originalmente cejas y pestañas,; sus escáners de 240 megapixels revelan rastros de la ceja izquierda, borrada hace años en esfuerzos de restauración. La Mona Lisa sí tenía originalmente cejas y pestañas y en principio su célebre autor habría intentado un rostro más ancho y una sonrisa un tanto más expresiva. Los resultados de la investigación, las pruebas fotográficas y las imágenes hasta 24 veces ampliadas, trabajo que, demandaron unas tres mil horas de análisis, se encuentran actualmente en exhibición en el Complejo Metreon de San Francisco. Un escáner de 240 megapixeles capaz de generar imágenes ultradetalladas, fue la herramienta para desentrañar uno de los principales enigmas del retrato de Da Vinci: la presencia o ausencia de cejas y pestañas. Durante siglos los especialistas y aficionados han realizado especulaciones respecto de esa ausencia. Algunos concluyeron que el artista nunca llegó a pintarlas, porque realmente nunca llegó a terminar el retrato; otros que de acuerdo a la moda florentina la modelo llevaba las cejas depiladas; y también se llegó a pensar que pudieron haber sido borradas en alguno de los procedimientos de restauración. Esta última hipótesis parece ser confirmada por las pruebas del
ingeniero parisino que dice haber encontrado en las imágenes de alta definición una pincelada sobre el ojo izquierdo que conduciría a pensar que cejas y pestañas existieron y que fueron borradas en los sucesivos esfuerzos de restauración. Par realizar esta labor, se trabajó con imágenes tomadas en el laboratorio del Louvre con una cámara digital, especialmente desarrollada para esa tarea. Se trata de un aparato de veintidós gigabytes y trece filtros de colores, notablemente superior a las cámaras regulares que poseen sólo tres o cuatro filtros. Los sensores desarrollados para captar no sólo las ondas lumínicas del espectro visible sino también aquellas que caen en las áreas de infrarrojo y ultravioleta, y que son invisibles al ojo humano, hicieron posible desnudar a la Mona Lisa y escarbar en sus secretos. A partir de ello, el ingeniero concluye que Da Vinci cambió de parecer sobre la posición de dos dedos de la mano izquierda de la Mona Lisa. También, que la archi-estudiada sonrisa, iba a ser en principio un tanto más expresiva de lo que luego resultó y que el rostro habría sido más ancho. Mona Lisa o La Gioconda sostiene además un manto casi imperceptible, de acuerdo al análisis de Cotte. Pero no queda todo allí. Estas nuevas pruebas, tal como afirma el investigador, han podido revelar los colores originales de la obra ocultas por el tiempo, el barniz y las sucesivas restauraciones. Al parecer la pintura original no lucía como puede vérsela ahora saturada de verdes, amarillos y marrones, sino más bien con azules claros y blancos brillantes.Para las próximas generaciones garantizamos que siempre podrán conocer el verdadero color de la obra;sin embargo algunos especialistas e historiadores de arte se han manifestado escépticos frente a estos nuevos hallazgos. En tanto, el ingeniero francés ya ha tomado imágenes de alta definición de otras tantas obras de arte, alrededor de quinientas, entre las que se incluyen famosas pinturas de Van Gogh, Brueghel, Courbet y varios maestros europeos más. Revelaciones que sólo dan lugar a nuevos enigmas y que siguen acrecentando el poder de seducción de las grandes obras, de los grandes maestros y sus misterios inacabables.