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Síntesis y críticas breves

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Wagner y el fantástico mundo de los Nibelungos

por : Donanfer    

Autor : dONANFER
Wagner y el fantástico mundo de los Nibelungos
Cuenta Lichtenberger que siendo todavía Wagner un jovencito, su maestro
de piano, Humann, le dijo: "-Desengáñate, hijo mío: tú llegarás a ser cualquier cosa, menos músico". Su primer impulso fue el de recoger "en el lecho del drama musical el rico torrente de la música alemana tal como produjera Bethoven", pero luego buscó su propia audaz expresión. De momento, sin embargo, Wagner no tuvo éxito. Como exponente del Romanticismo, buscaba Wagner la vuelta a temáticas medioevales, a valores estéticos que el Renacentismo, en su sed de antiguedad, había, quizá con alguna injusticia, pospuesto. Cazador de mitos y de leyendas -que le sirvieron sin embargo, para expresiones filosóficas- Wagner dedicó al estudio de las literaturas medioevales de Escandinavia y de Germania e incluso del ciclo Bretón. Las "Sagas", el "Edda" y "Der Nibelunge Noth" forman el fondo mítico de su célebre tetralogía, integrada por "El Oro del Rhin" (Das Rheingold), "La Walkiria" (Die Walkure), "Sigfirdo" (Siegfried) y "El ocaso de los dioses" (Die Gotterdammerung).Admirado primeramente por Nietzsche, el filósofo de la voluntad de poderío, del Superhombre y del eterno retorno, el filósofo que en "Así hablaba Zarathustra" se animó a anunciar la muerte de Dios, alabado -repito- por este filósofo de tendencia vitalista, fue luego duramente criticado por él, cuando Wagner compuso su "Pasifal", porque aquél consideró que dicha obra se comprometía con el espíritu cristiano, que Nietzsche catalogaba entre las "morales de esclavos".Hay que leer las páginas furiosas, casi injuriosas, que uno de los más grandes novelistas del mundo, León Tolstoy, dedica a la estructura musical de Wagner, para comprender las pasiones que este artista pasional levantó y levanta todavía. Pero Wagner requiere estudio para alcanzar pleno goce de su arte, complejo en grado sumo, y entre sus múltiples dificultades podríamos aludir a una: Wagner tuvo la feliz idea de crear conjuntos melódicos de notas, leit-motivs representativos de ideas o de sentimientos. A veces la orquesta estalla en una tromba olímpica, pero el escucha debe estar advertido de la acción dramática que esa música acompaña. Pero si la ocasión lo requiere, Wagner desarrolla una música de extrema delicadeza, llena de emociones, de tristeza profunda, casi metafísica, caso de la muerte de Isolda, muerte de dolor ante el cadáver de Tristán en una necesidad panteísta de unirse al gran Todo: "¿Yo sola -dice Isolda- oigo esa melodía, tan admirable y misteriosa, deliciosamente lastimera, que todo lo dice, dulcemente consoladora, que partiendo de él me arrebata consigo y me penetra y hace resonar en torno mío sus ecos graciosos? Esos más claros sonidos que corren a mis oídos, ¿son las ondas de brisas suaves? ¿Son olas de vapores? En las grandes olas del mar de delicias, en la sonora armonía de ondas de perfumes, en el aliento infinito del Alma Universal, perderse... abismarse... inconsciente... ¡supremo deleite!". Leamos algunos fragmentos al azar... ¡Oh querido y puro ángel de verdad! ¡Bendita seas por tu divino amor!" Wagner tiene, pues, ternuras profundas, sentimientos que en la música alcanzan delicadezas supremas de exaltación del amor; recordemos la balada de Senta de "El buque fantasma", el sueño de Elsa de "Lohengrin", el silencioso drama interior, sólo advertido por la música y que lleva a Hans Sachs a renunciar sublimemente a Eva en "Los maestros cantores de Nurenberg"... Pero volvamos al tema central que elegimos, a la tetralogía. Después de esa cima melódica se escucha el vuelo del pajarillo que se aleja; Sigfrid intenta hallar otro compañero y entonces toca su cuerno de caza. Y es ante Brunilda dormida, ante su belleza, que Sigfrid siente por primera y única vez, el temor, pero temor hijo del amor. Pero la maldición es oscura, tenaz y acecha a los dioses y a los héroes. Hay cierta influencia oriental, hasta budista en esa necesidad de la renuncia. El propio Wagner cita a Buda en una de las cartas a Matilde Wesendonk, "Querida mía: el sublime Buda tenía razón"... El tema de esa carta es la negación que Buda hace del arte, pero a través de las expresiones de Wagner comprendemos el aprecio que tenía por aquel príncipe hindú que renunció a todo por buscar una ley noble que salvara a la humanidad del dolor universal. Sin embargo, ni los dioses ni los héroes renuncian ni al poder ni al oro y cuando Brunilda entra, montada en Grane, en la pira ardiente de Sigfrid, el fuego se levanta, se hace una lengua ardiente y vindicadora, y el escucha de Wagner siente una impresión de maravilla y aplastamiento ante la fuerza desconsoladora del Destino, que termina por alcanzar a los mismos dioses e incendiar el Walhalla, aparentemente tan inaccesible, que las deidades habían subido hasta él caminando sobre un arco iris. Tal el Destino, como la Moira griega.
dONANFER
Publicado el: octubre 22, 2007
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