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Síntesis y críticas breves

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Ideas para una historia del ensayo hispanoamericano

por : sinopticom    

Autor : Adolfo Castañon
El inagotable, versátil y ondulante Michel de Montaigne es, como se sabe, el creador y el maestro del género, señala el autor 
y agrega que, como tantas cosas en la cultura hispanoamericana y española, la historia del ensayo está por escribirse, aunque existen, desde luego, aproximaciones que intentan dar una visión panorámica y que suelen ofrecer también una visión de conjunto del género de riesgos que empresas como ésta no sabrían soslayar, tal el caso de  “Reflexiones a partir de José Miguel Oviedo: Breve historia del ensayo hispanoamericano1991, y de John Skirius, Antología del ensayo hispanoamericano. 1990.   Y declara “Escribo estas páginas para razonar algunas de esas coordenadas”.  
Históricamente la cultura hispánica en general; constata el retraso con que el ensayo en su forma moderna se empieza a practicar en nuestra lengua.. Tampoco deja de ser característico el hecho editorial de que la primera traducción completa de los Ensayos publicada en España la haya estampado la Casa editorial Garnier en 1898, casi dos siglos después que las ediciones inglesas e italianas y más de tres siglos después que el original (1588).    
La palabra ensayo la adoptó de inmediato la lengua inglesa, pero tuvo que esperar hasta finales del siglo XIX para que el español la usara en forma corriente a partir de que Leopoldo Alas Clarín publica en 1892 sus Ensayos y revistas. La primera traducción de los Ensayos  la protagonizaron  Don Francisco de Quevedo, el inquisidor Pacheco y el ex carmelita Diego de Cisneros. Al autor de los Sueños no sólo le debemos las primeras traducciones (fragmentarias) de Montaigne, sino diversas voces de admiración plena -raras en Quevedo- como aquella célebre que llama a los Ensayos “libro tan grande que quien por verle dejara de leer a Séneca y a Plutarco, leerá a Plutarco y a Séneca”.   El primer título que se dio en español a esta obra fue: Experiencias y varios discursos de Miguel, señor de Montañu. “El término essai no se prestaba entonces a ser traducido por su equivalente literal ensayo, y Cisneros se inclinó en un principio por la combinación de propósitos y experiencias para el título y en el texto mismo tradujo essais por propósitos”.  El discurso del traductor contiene una serie de reparos contra Montaigne que resume diciendo que el libro antes de hacer profesión crítica de la herejía “propone y enseña los fundamentos principales de ella”. Al menos en el radio de la lengua española, el ensayo como género quedará para siempre asociado al pensamiento heterodoxo. 
Otro aspecto, se refiere a su carácter autobiográfico y confesional.  La idea del hombre exento de culpa y de caída, expuesta por Montaigne, contrasta y confronta la de la literatura confesionaria española y de los moralistas castellanos marcada por la necesidad de juicio, condena y absolución. La traducción de Cisneros no ha sido publicada hasta la fecha y, salvo algunas menciones aisladas como la de Feijoo, el ensayo en su género moderno brilló por su ausencia en la cultura española durante dos siglos. Esta misma cultura hispánica, considera al ensayo como un híbrido  situado entre el pensamiento heterodoxo y una literatura autobiográfica y confesional gratuita, libre y exenta de culpa. Esta hipoteca inicial no dejará de afectar la historia hispanoamericana del género cuyas primeras muestras aceptadas (por ejemplo las de Sarmiento) son anteriores a la primera traducción íntegra de las obras del fundador del género.  
¿Por qué el género que se desarrolla en Inglaterra, Francia e Italia demora su aparición en nuestra lengua?: Aunque el escéptico Montaigne gozó en vida de fama y aun de aprobación por parte de la Iglesia, los Ensayos muy pronto (en 1676) fueron objeto de la condenación pontificia y en la Europa católica quedaron confinados al secreto de algunos lectores cómplices.Sólo en Inglaterra los Ensayos no vieron interrumpida su fortuna pero a su vez los Ensayistas ingleses tendrían que esperar a que promediara el siglo XX para que otro heterodoxo, Adolfo Bioy Casares, los diera a conocer en español en un panorama metódico gracias a los beneméritos Clásicos Jackson. Las razones de la prohibición eran, son claras : Montaigne, el principal precursor del pensamiento moderno anterior a Descartes, es el maestro de un nuevo paganismo, el heredero moderno de la tradición clásica en quien se cumple una pedagogía del escepticismo y de la relatividad que lo confronta y separa de un cristianismo que le resulta, por lo demás, indiferente.  Por su actitud, Montaigne resultaba en numerosos aspectos mucho más radical que Lutero, ya no digamos que Erasmo. Su desconfianza sistemática ante el poder (por ejemplo, recuerda que el culo sirve de asiento a todos, incluso a los príncipes) va más allá de una crítica de sus excesos y afecta la condición misma de su discurso.   El género -a través de su maestro- declina todo propósito edificante y asume una actitud apática hacia la historia o hacia la salvación de la humanidad. Esta gentil frivolidad del ensayo en su sentido original es la que, entre tantas cosas, le resultará de tan difícil digestión a la rancia y patética sensibilidad hispánica y, desde luego, a la incipiente hispanoamericana que, con sus ademanes, tanto la replica y parodia.  
Publicado el: octubre 11, 2007
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